Si la montaña no va a Mahoma

1445 Palabras
Damián salió de prisa de aquel lugar con sentimientos encontrados, estaba feliz al saber que por fin había conseguido un lugar en la empresa que él esperaba le diera la oportunidad de su vida y por cosas tan inexplicables del destino para Damián, este se había ganado un mejor puesto que aquel al que aspiraba en un inicio, Alexander le había otorgado el puesto de asistente y Damián, estaba más que seguro de que no desaprovecharía la oportunidad. . Alexander por el contrario estaba inmerso en su oficina revisando los modelos de su diseñador estrella, Patrick Ruan. Con detalle uno a uno de los bocetos, Alexander los observaba con el entrecejo fruncido, sus semblante no era el más armonioso en ese momento, a pesar de eso sus bellos ojos de color gris lo hacían lucir sumamente atractivo. —Mmm… —susurraba Alexander mientras Patrick miraba por la ventana admirando la hermosa vista que surgía al estar en el piso treinta de aquel enorme rascacielos. —Por Dios, Alexander ya me había dado el visto bueno, ¿por qué no me dices que no te agrada de una vez? —decía Patrick con un cierto tono de fastidio. aAlexander levantaba sus ojos sin mover sus cejas pobladas para mirar a Patrick por un momento, y después vivía a fijar sus orbes de color gris en los bocetos, Patrik desesperado, colocó a su peso sobre un pie y luego de un tiempo lo hacía en el otro, este era ciertamente atractivo, al parecer en aquel lugar la mayoría de las personas eran hermosas, Patrick era blanco de ojos color miel con el rostro bien definido y sin barba, tenía un cuerpo atlético y grande era casi del tamaño de Alexander, aunque este tenía, muchos mas años, que el mismo CEO, con Treinta y seis años Patrick era una leyenda de la moda y junto a Alexander hacían magia en las pásales de New York y en las internacionales. —patrick deja de moverte que me vuelves loco —dijo Alexander con un tono grave. —Ojalá eso fuera cierto, pero ya se a lo que te refieres… de acuerdo me sentaré —replicó Patrick con ironía, pues el era un hombre que moría por vivir una aventura carnal con su jefe, sin embargo sabía que no tenía oportunidad pues Alexander jamás le había dado indicios de tener los mismos gustos que él. —Sabes creo que esté par de diseños son muy repetitivos, parecen muy similares a los dos de las colecciones pasadas. —Bueno… señor al menos dile a Elena que me traiga un café, si empezamos así de intensos, me voy a colocar aquí en tu oficina. —Elena ya no trabaja más aquí, así que si quieres, abre la puerta y pídele al que sea que esté pasando que te traiga un café —explicó Alexander de forma escueta sin hacer movimiento alguno más que el de sus labios al decirle a Patrick la noticia. —¿Qué? Elena, no por favor era una mujer hermosa, hasta podría ser modelo —dijo Patrick con asombro, mientras tomaba uno de los bocetos que Alexander había puesto a su derecha, y lo miraba a contraluz. La dinámica de Alexander y Patrick era muy sencilla; Patrick diseñaba, llevaba sus diseños con Alexander y el hacía sugerencias o en algunas ocasiones desaprobaba los bocetos, siempre los revisaban en su oficina y cualquier boceto que estuviera a su derecha significaba que no lo quería ver en la pasarle no en ninguno de sus estantes de ropa, los que colocaba enfrente de él tenían total aprobación y los que ponía a su izquierda tenían que ser rediseñados. —Ni se te ocurra hacerle pruebas a esa loca… no la quiero ver nunca más en esta oficina… y sabes debe agradecer que la dejé mucho más tiempo del que debía —replicó Alexander con fuerza sus ojos se encendieron y sus labios se apretaron al terminar sus palabras, recordando lo que Elena había hecho. —¿Qué fue lo que hizo? —dijo Patrick dejando el boceto sobre el escritorio roble importado. Mientras colocaba ambas manos sobre la madera roja. —Olvidalo, de cualquier forma no te lo diré… por favor checa mis observaciones si te parecen bien, esto definitivamente no sé de dónde se te ocurrieron y estos son excelentes —sentenció Alexander, echó la espalda hacia atrás sobre el asiento de piel, y puso sus grandes manos sobre el escritorio. —No se por que te aguanto Alexander, tú padre jamás me trató de esta forma tan… tan atrevida —dijo Patrick mientras colocaba dentro de una carpeta azul cada uno de sus bocetos. La empresa se dedicaba a crear diseños exclusivos, para mujeres y hombres por igual. —Ya, Patrick por favor no estoy de humor para esto, ya sabes la dinámica —Alexander llevó hasta su cabello una de sus manos lo hizo para atrás ondeando sus cabellos negros, que a la luz parecian tener toques azulados. El teléfono sonó y Alexander presionó el botón para contestar la llamada que le hacía la secretaria. —¿Qué ocurre Clara? —dijo Alexander con cierto fastidio a la secretaría, este había estado toda la mañana revisando lo que sería la siguiente colección, y por si eso no fuera poco, tenía que lidiar con Patrick y su mal humor, así cómo también luchaba por no perder la cabeza al no tener asistente en ese momento. —La señorita Adriana O’Farrel está aquí, y quiere verlo —replicó Clara, y Patrick abrió los ojos con cierta ironía mientras Alexander torció los ojos una vez más con fastidio. —Hazla pasar —replicó Alexander. —Bueno… aquí termina mi trabajo, me tomaré el día, mañana intentaré cambiar mis hermosas creaciones por algo más horrible y anticuado como a ti te gusta, así como tú noviecita —, no es mi noviecita, solo es una colega y nada más y por favor, tus diseños son hermosos es solo que no se donde tenias la cabeza con algunos —dijo Alexander con una mueca de burla al final, Patrick lo miró y salió de orisa volteando la cabeza tan de prisa imaginando que subcabello largo revoloteaba por el aire, a pesar de tener el cabello corto. . —Hola amor, pasaba por aquí y quise saludar —dijo Adriana, mientras dejaba su bolso rojo sobre el escritorio, y se acercaba hasta quedar frente a Alexander. —Hola, sabes estoy muy ocupado y… —dijo Alexabder pero Adriana lo interrumpió con un beso, un beso que hizo que Alexander olvidara sus palabras, Adrián lo hizo hacia atrás levantó su vestido un poco deslizando la delicada tela por sus hermosas y torneadas para después montarse en Alexander. —Cariño, me tienes muy olvidada, así que, “Si la montaña no va a Mahoma” —dijo y con otro beso encendió a Alexander este de prisa la montó sobre su escritorio, levantando su delicado cuerpo tan solo con sus manos, grandes y varoniles, Adriana sonrió con lascivia y Alexander comenzó a recorrer el cuerpo de la hermosa mujer con un desenfrenado deseo. Alexander recorrió con ambas manos la piernas de Adriana que al tacto de este hacían que se erizara toda su piel. —Alex hazme el amor —dijo Adriana con sollozos intermitentes mientras con sus brazos intentaba rodear por completo el cuerpo de Alexander, este besaba su cuello, con tanta pasión que casi estaba a punto de dejarle una marca en el cuello, pero las palabras de Adriana lo frenaron enseguida. —¿Qué pasa Alexander? —dijo con molestia Adriana mientras se bajaba del escritorio para buscar la mirada de Alexander quien caminaba hacia los ventanales. —Adriana ya hemos hablado de esto, tú y yo no somos nada en realidad lo nuestro es solo sexo… no lo arruines por favor —dijo Alexander con esa voz que lo hacía lucir tan imponente, en su tono había prepotencia y cierta arrogancia y sobre todo su voz estaba llena de virilidad. —De acuerdo perdón, yo solo quise —dijo Adriana acercándose a Alexander quien de inmediato la rechazó mientras ella intentaba acariciar la mejilla de Alexander. —Mejor me voy estás insoportable —Adriana se dió media vuelta y tomó su bolso de color rojo de él escritorio se Alexander. —Gracias, te busco después —replicó Alexander limpiando sus labios como si quisiera quitar los residuos de Adriana de su boca. Está solo lo miró y salió de la oficina de Alexander azotando la puerta detrás de ella. —!Ten más cuidado con la maldita puerta! —gritó Alexander al final.
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