Capítulo Veintitrés ¿Es ese el puto Big Ben? El sonido tiene que ser de al menos 127 decibelios... lo suficientemente fuerte como para causar daño permanente a mis oídos. Oh. Es mi despertador. Golpeo el botón de repetición antes de que me exploten los tímpanos. ¿Qué demonios? Siento náuseas y mi dolor de cabeza tiene a su vez su propia migraña. Maldita sea. Ya sé lo que es esto. Resaca. Pero eso implica embriaguez. ¡Oh no! Empiezo a recordarlo todo, especialmente la parte en la que le tiré los tejos a Alex al final de la noche. ¿En que estaría pensando? Hablando de liarla... Haciendo un gran esfuerzo, me levanto, y registro vagamente que estoy vestida del todo. La habitación me da vueltas. Pasa una mosca que suena como una sierra circular. ¿Cómo de borracha debí de ponerme ay

