El supremo sacerdote limpió el sudor de su frente – no era necesario que tomaras la palabra, tenía todo bajo control – regañó al obispo Lean – y tu defensa hacia esa mujer, ¿qué haremos si no podemos controlarla? El obispo Lean mantuvo su actitud serena – supremo sacerdote, la deuda que tenemos con Marjory Sheridan, ¿no cree que ya es tiempo de saldarla? Cinco años atrás cuando el Vizconde Ogara falleció, la Condesa Sheridan declaró que la asesina había sido Marjory. No podían confiar en un sanador para constatar ese hecho, tampoco podían dejar que el asunto saliera a la luz, lo único que tenían era a una niña de trece años muy responsable que había demostrado ser una de las mejores sanadoras de su generación, a una tutora reconocida y a la Condesa Sheridan. La Condesa insistió en que

