Un salón abarrotado, hombres canosos con barbas y bigotes, y un aroma insipiente que asustaría a cualquier mujer. Pero su enemigo en esa tarde no era cualquier mujer, era la Santa. Bela sonrió – buenas tardes caballeros, lamento la espera. Se escuchó un bufido. El consejo formado por académicos se encontraba estancado y en su representación el templo había enviado a su m*****o más poderoso, con solo trece años, Bela Sheridan. – Señorita Sheridan, agradecemos su participación, pero me temo que una curandera, no tiene voto en esta reunión. Se suponía que la palabra estaba diseñada para hacerla sentir menospreciada, pero ella mantuvo su postura – es lo contrario, mi participación es justo lo que este consejo necesita para volver al camino correcto, al camino del templo y de la sanación.

