CAPÍTULO VEINTICINCO El fuego en el estómago de Chris por fin dejó de quemar. Abrió los ojos y parpadeó, sorprendido al ver que todavía estaba en el despacho de la Señorita Obsidiana. Ella y Malcolm estaban mirándolo detenidamente. Todo su cuerpo se había desplomado sobre la mesa. Tiró de él hasta sentarse. —¿Se ha acabado? —preguntó, oyendo que su voz salía frustrantemente tímida. La Señorita Obsidiana cruzó las manos delante de ella. —Sí. ¿Cómo te sientes? ¿Diferente? Christopher se miró las manos y las giró una y otra vez. Parecían normales. Se tocó el cuerpo. Nada parecía diferente. —Creo que no —dijo—. Realmente no. —Puede que tarden un poco en hacer efecto —dijo la Señorita Obsidiana—. Mientras esperamos, hablemos de tu misión. Entonces se abrió la puerta y entró un grupo de

