CAPÍTULO VEINTISÉIS Oliver echó un vistazo a la taberna ahora vacía. Era un competo caos. —Dejadme que os traiga una bebida —balbuceó el tabernero, mirando con temor a Oliver, Ester y Ralph. Su comportamiento había cambiado por completo desde su muestra de poder. Su actitud brusca había sido sustituida por un miedo obediente—. ¿Os gusta el agua mezclada con miel? Oliver dijo que no con la cabeza. —No. Gracias. Como ya le dije al principio, solo queríamos secarnos —Cogió una de las sillas que habían caído—. Le arreglaremos todo este desorden y después le dejaremos en paz. Ester puso rectos los cuadros que estaban torcidos en la pared, mientras Ralph usaba sus poderes para poner la mesa hecha añicos de una sola pieza. Durante todo el rato el tabernero los observaba con una mirada de ter

