Emma se miro en el espejo del baño, ajustando su blazer gris con un gesto nervioso. Su cabello oscuro estaba recogido en un moño impecable, pero sus ojos azules reflejaban una mezcla de ansiedad y resignación.
"Hoy es el día" se dijo a sí misma, intentando sonar convincente.
Salió del baño y se dirigió la oficina de su padre, ubicada en el piso mas alto del edificio de la empresa familiar, "Héritage Inc.". La secretaria, María, la recibió con una sonrisa cálida.
"Señorita Emma, su padre la está esperando."
Emma asintió, tragando saliva. Su padre, Ricardo Héritage, la había llamado a su oficina con urgencia la noche anterior. Sabía que se trataba de la empresa, y no se había equivocado.
Al entrar en la oficina, su padre se levantó de su silla y se acercó a ella con una expresión seria.
"Emma, hija. Siéntate, por favor."
Emma se sentó, intentando mantener la calma.
"¿Qué pasa, papá?"
Ricardo suspiró, apoyándose en su escritorio.
"Me temo que tengo malas noticias. He decidido retirarme de la empresa. El médico me ha recomendado un descanso prolongado, y... he decidido que es hora de que tú te hagas cargo de Héritage Inc."
Emma se quedó sin aliento. ¿Ella? ¿Al frente de la empresa? Era un sueño imposible. Su pasión era el diseño de moda, no la gestión de una empresa.
"Papá, no puedo... no estoy preparada", dijo, intentando mantener la voz firme.
Ricardo sonrió, un gesto que Emma conocía bien. Era su forma de decir que no había discusión posible.
"Estás más preparada de lo que crees, Emma. Eres mi hija. La empresa es tuya ahora."
Emma se levantó, sintiendo un torbellino de emociones. No sabía si estaba lista para esto, pero sabía que no podía decepcionar a su padre.
"¿Cuándo empiezo?", preguntó, intentando sonar más segura de lo que se sentía.
"A partir de hoy", respondió Ricardo, sonriendo.
Emma asintió, sabiendo que su vida estaba a punto de cambiar para siempre.
Emma se sentó en su nuevo despacho, intentando familiarizarse con el sistema informático de la empresa. La oficina estaba en silencio, solo se oía el murmullo de las conversaciones en voz baja de los empleados en el pasillo.
De repente, la puerta se abrió y una voz profunda dijo:
"Buenos días, señorita Petronis. Soy Simón, el nuevo asistente de marketing."
Emma levantó la vista y se encontró con un par de ojos oscuros que la miraron con una mezcla de curiosidad y respeto. Simón era alto, con cabello oscuro y una sonrisa que hizo que Emma se sintiera un poco descolocada.
"Buenos días, Simón", dijo, intentando sonar profesional. "Bienvenido a Héritage Inc. ¿Necesitas algo?"
Simón se acercó a su escritorio, entregándole un dossier.
"Me gustaría presentarte mi plan de marketing para la próxima campaña de la empresa. ¿Tienes un momento para revisarlo?"
Emma tomó el dossier, sintiendo un destello de interés. La pasión de Simón por su trabajo era contagiosa.
"Claro, Simón. Me gustaría verlo."
Mientras revisaba el dossier, Emma no pudo evitar notar la forma en que Simón se movía con confianza, su sonrisa amable y su mirada intensa. Se sintió un poco nerviosa, pero se obligó a concentrarse en el trabajo.
Emma Petronis se sumergió en el dossier, revisando cada página con atención. La propuesta de Simón era innovadora, con ideas frescas y bien estructuradas. Mientras leía, sentía una creciente admiración por su nuevo empleado.
"Me gusta, Simón", dijo, levantando la vista. "Tienes buenas ideas."
Simón sonrió, y por un momento, sus ojos se encontraron. Emma sintió un destello de... algo. Una chispa que intentó apagar de inmediato.
"Gracias, señorita Petronis", dijo Simón, su voz baja y suave. "Me alegra que le guste."
Emma se levantó, intentando romper el momento. "Llámame Emma, por favor. Señorita Petronis me hace sentir vieja."
Simón se rió, un sonido grave y atractivo. "Como quieras... Emma."
Ella se sintió un poco incómoda, como si Simón hubiera leído sus pensamientos. Se acercó a la ventana, mirando hacia afuera.
"¿Cuánto tiempo llevas en la ciudad, Simón?", preguntó, intentando mantener la conversación en terreno seguro.
"Apenas unos días", respondió Simón, acercándose a ella. "Me mudé aquí para el trabajo. No conozco mucha gente todavía."
Emma se sintió un poco culpable por no haberle preguntado antes. "Bueno, espero que te sientas cómodo aquí. Podemos... podemos organizar algo para que conozcas a la gente."
Simón sonrió de nuevo, y Emma se obligó a mirar hacia afuera, intentando ignorar la sensación de que algo estaba cambiando.
Ella se dio vuelta y se encontró con la mirada de Simón, que la observaba con una sonrisa curiosa. Emma se sintió un poco incómoda, como si hubiera sido descubierta haciendo algo malo.
"¿Qué pasa?", preguntó, intentando sonar casual.
"Estaba pensando que podríamos discutir más sobre mi propuesta de marketing", dijo Simón, acercándose un poco más. "¿Tienes tiempo ahora?"
Emma asintió, aunque sabía que debería estar ocupada con otras cosas. Pero había algo en Simón que la hacía querer pasar más tiempo con él.
"Claro, vamos a mi oficina", dijo, señalando hacia la puerta.
Mientras caminaban hacia la oficina, Emma se dio cuenta de que Simón estaba un poco demasiado cerca de ella. Podía sentir su calor corporal y oler su perfume, que era fresco y masculino.
Se sentaron en la oficina, y Emma se obligó a concentrarse en la propuesta de marketing. Pero Simón estaba sentado demasiado cerca, y ella podía sentir su mirada en ella.
De repente, la puerta de la oficina se abrió, y la secretaria, María, asomó la cabeza.
"Emma, tienes una llamada de tu madre", dijo, mirando a Simón con curiosidad.
Emma se levantó, agradecida por la interrupción. "Lo siento, Simón. Tengo que atender esta llamada."
Simón se levantó también, sonriendo. "No hay problema, Emma. Puedo esperar."
Mientras Emma atendía la llamada, se dio cuenta de que estaba un poco aliviada de que la conversación con Simón se hubiera interrumpido. No sabía qué estaba pasando, pero no quería explorar demasiado esos sentimientos.
Emma se levantó y se acercó a la ventana, teléfono en mano. "Hola, mamá", dijo, intentando sonar alegre.
"Hola, mi amor", respondió su madre, su voz cálida y familiar. "¿Cómo estás? ¿Cómo te va en la empresa?"
Emma se encogió de hombros, aunque sabía que su madre no podía verla. "Estoy bien, mamá. Un poco abrumada, pero bien."
Su madre se rió. "Eso es normal, hija. Tu padre me decía que estaba nervioso cuando empezó a trabajar en la empresa."
Emma sonrió, sintiendo un poco de nostalgia. "Sí, lo sé. Es solo que... no sé si estoy lista para esto."
"Estás lista, Emma", dijo su madre, su voz firme. "Tienes todo lo que necesitas. Solo tienes que creer en ti misma."
Emma se sintió un poco mejor, aunque todavía tenía dudas. "Gracias, mamá. Te amo."
"Yo también te amo, hija", respondió su madre. "¿Quieres venir a cenar a casa esta noche? Tu padre quiere verte."
Emma dudó un momento, pensando en Simón y en la propuesta de marketing que todavía no había terminado de revisar. Pero sabía que no podía decir que no a su madre.
"Claro, mamá. Iré a cenar a casa esta noche."
Después de colgar el teléfono, Emma se dio vuelta y se encontró con Simón, que la miraba con curiosidad.
"¿Todo bien?", preguntó.
Emma asintió. "Sí, todo bien. Era mi madre."
Simón sonrió. "Parece que te quiere mucho."
Emma se rió. "Sí, es cierto. Mi madre es muy especial."
La conversación se quedó en silencio por un momento, y Emma se dio cuenta de que quería saber más sobre Simón. "Simón, ¿cómo te va en la ciudad?", preguntó, intentando sonar casual.
Simón se encogió de hombros. "Estoy bien. Estoy tratando de establecerme, sabes."
Emma asintió, sintiendo un poco de curiosidad. "¿Y tu familia? ¿Están aquí contigo?"
Simón se quedó en silencio por un momento, y Emma se arrepintió de haber preguntado. Pero luego, él suspiró y comenzó a hablar.
"Hace unos años, mi padre se fue cuando mi hermana tenía solo 5 años. Mi madre... ella se fue poco después. No hemos sabido nada de ellos desde entonces."
Emma se sintió un nudo en la garganta. "Lo siento mucho, Simón. No sabía..."
Simón la miró, su expresión seria. "No es algo que me guste hablar, Emma. Pero gracias por escuchar."
Emma se levantó y se acercó a Simón, poniendo una mano en su brazo. "Lo siento mucho, Simón. Debes estar pasando un momento muy difícil."
Simón se rió, un sonido amargo. "Es un desafío, pero nos las arreglamos. Mi hermana es una chica fuerte, a pesar de su edad. Ella es la razón por la que sigo adelante."
Emma sonrió, sintiendo un poco de admiración por Simón. "Eres un buen hermano, Simón."
Simón se encogió de hombros, sonriendo un poco. "Solo hago lo que tengo que hacer."
La conversación se quedó en silencio por un momento, y Emma se dio cuenta de que estaba mirando a Simón de una manera diferente. Se sintió un poco incómoda, y se obligó a mirar hacia otro lado.
Emma se apartó de Simón, intentando romper el silencio incómodo. "Simón, ¿has tenido tiempo de conocer la ciudad?", preguntó, intentando sonar casual.
Simón se encogió de hombros. "No mucho, la verdad. He estado ocupado con el trabajo y cuidando a mi hermana."
Emma sonrió, sintiendo un poco de l lante. "Bueno, en ese caso, ¿por qué no te doy un tour por la ciudad? Puedo mostrarte algunos lugares interesantes."
Simón la miró, sorprendido. "¿En serio? No quiero molestarte, Emma."
Emma se rió. "No es ninguna molestia, de verdad. Me encantaría mostrarte la ciudad. Además, tu hermana también puede venir, si quiere."
Simón sonrió, y por un momento, Emma vio un destello de entusiasmo en sus ojos. "Me gustaría mucho, gracias. Mi hermana se va a volver loca cuando se lo diga."
Emma se rió. "Genial. ¿Qué día te viene bien?"
Simón pensó por un momento. "¿Mañana por la tarde? Mi hermana tiene clases por la mañana, pero después está libre."
Emma asintió. "Perfecto. Mañana por la tarde entonces. ¿Quieres que te recoja en tu casa?"
Simón asintió. "Sí, sería genial. Gracias, Emma."
Emma sonrió, sintiendo un poco de emoción. "No hay problema, Simón. Nos vemos mañana entonces."
Emma se fue a casa esa noche con una sonrisa en la cara, pensando en la cita del día siguiente con Simón y su hermana. Se preguntó qué lugares de la ciudad les gustaría visitar.
Al día siguiente, Emma se levantó temprano y comenzó a prepararse. Se puso un vestido ligero y se recogió el cabello en una cola de caballo. Se miró en el espejo y se sonrió, sintiendo un poco de nerviosismo.
A la hora acordada, Emma llegó a la casa de Simón y lo encontró esperándola en la puerta con su hermana, Sofía. Sofía era una niña de 12 años con ojos brillantes y un gran sonrisa.
"Hola, Emma", dijo Sofía, corriendo hacia ella para darle un abrazo. "¡Estoy tan emocionada! Simón me dijo que vamos a ir a un parque de diversiones."
Emma se rió y le devolvió el abrazo. "¡Sí! Vamos a ir al Parque de la Ciudad. Es uno de mis lugares favoritos."
Simón sonrió, mirando a su hermana con cariño. "Sofía ha estado esperando esto toda semana."
Emma sonrió, sintiendo un poco de ternura. "Bueno, vamos a hacer que sea un día inolvidable."
Se subieron al coche de Emma y se dirigieron al parque. El sol brillaba y la música de la radio llenaba el aire. Emma se sintió feliz, rodeada de la energía de Sofía y la compañía de Simón.
Mientras iban en el coche, Sofía charlaba animadamente con Emma sobre sus clases en la escuela y sus amigos. Emma se reía y respondía, sintiendo una conexión instantánea con la niña.
Simón observaba la escena desde el asiento del pasajero, sonriendo. Era increíble ver a su hermana tan feliz y relajada con Emma. Normalmente, Sofía era un poco tímida con las personas nuevas, pero con Emma parecía ser diferente.
"Gracias por hacer esto, Emma", dijo Simón, mirándola con gratitud. "Sofía realmente lo necesita."
Emma sonrió, sin dejar de mirar a Sofía. "No hay problema, Simón. Me encanta pasar tiempo con ella. Es una niña increíble."
Sofía se rió y se inclinó hacia adelante, abrazando a Emma. "¡Eres la mejor, Emma! Me gustas mucho."
Emma se rió y le devolvió el abrazo. "Yo también te gusto mucho, Sofía."
Simón se sintió un poco conmovido por la escena, sintiendo un calor en el pecho. Era como si Emma hubiera entrado en su vida y hubiera traído consigo una sensación de normalidad y felicidad.
Mientras observaba a Emma y Sofía, Simón se dio cuenta de que estaba empezando a sentir algo más que gratitud hacia Emma. Se sintió un poco sorprendido por la idea, pero no pudo evitar sonreír.
Al llegar al parque, Sofía salió corriendo del coche, gritando de emoción. Emma se rió y la siguió, mientras Simón se quedaba atrás, observando la escena con una sonrisa.