Rechazo

643 Palabras
Molesta, me vestí rápidamente, decidida a alejarme un poco de todo lo que pasaba en casa. Necesitaba un respiro, y la casa de Martín siempre había sido mi lugar seguro. Sin embargo, antes de llegar, me di cuenta de que él no estaba en casa. Lo vi en el parque, por lo que le pedí al chófer que me dejara allí. Sin pensarlo dos veces, bajé del coche y me dirigí hacia él. Cuando me acerqué, decidí sorprenderlo. Lo abracé por detrás sin decir una palabra. Martín soltó una risa fuerte al sentirme. —¿Quién soy? —preguntó, divertido, con ese tono juguetón que siempre usaba. Me reí por su pregunta y respondí con tono irónico: —¿Qué, te olvidaste de mí? —No sé... ¿Laura? —dijo Martín, su tono burlón y su risa jugando con mis nervios. —¿Cómo que Laura? —repliqué, sintiendo una mezcla de incomodidad y diversión al mismo tiempo. Inmediatamente me aparté y me bajé de su espalda para mirarlo. Él sonrió, sin una pizca de vergüenza, y me miró con esa mirada que me desarmaba. —Reconocí tu perfume a la perfección —dijo, acariciando mi rostro suavemente con la yema de sus dedos, como si fuera algo normal, como si siempre estuviera cerca. —¿Y a qué huelo? —pregunté entre risas, queriendo aliviar la tensión con algo más ligero, aunque no podía evitar sentirme un poco nerviosa ante su cercanía. Martín mantuvo su sonrisa, disfrutando claramente de la situación. —A... esa fragancia única que solo tú usas —respondió, sin perder el toque juguetón en su voz. Me acerqué a él, con la intención de dejar un beso en sus labios, pero justo cuando estaba a punto de rozarlos, Martín me frenó con una mano sobre mi pecho, deteniéndome. —¿Qué haces? —me preguntó, su mirada fija en la mía, pero algo en su expresión mostraba confusión, como si no supiera cómo reaccionar. Lo miré fijamente, mi corazón acelerado por la cercanía, y le dije sin pensarlo demasiado: —Me gustas mucho y sé que te has dado cuenta... —mi voz tembló ligeramente, pero no iba a retractarme. Lo sentía, lo había sabido desde hacía tiempo. Él suspiró profundamente, alejándose un poco, como si necesitara espacio para procesar mis palabras. —Eres menor de edad, Victoria... —me respondió con firmeza, sus ojos mostrando una mezcla de preocupación y algo más que no podía identificar.—Tengo veintidós años. —Y eso qué... —dije, mis palabras saliendo más audaces de lo que había planeado. Martín se pasó una mano por el cabello, claramente incómodo, y me miró de una forma que casi me dolió. —Porque... eres como mi hermanita —respondió con una suavidad que me golpeó de lleno, como una bofetada emocional. Sus palabras hicieron que todo se derrumbara dentro de mí. —¿No puedes? —pregunté, acercándome más, sintiendo la electricidad entre nosotros. —¿O no quieres? —Adiós, Victoria... —me dijo Martín con una suavidad que me dejó un sabor amargo en los labios, antes de dejar un beso ligero en mi frente. Su gesto, aunque tierno, solo aumentaba la distancia entre nosotros. Me quedé allí, mirando cómo se alejaba un paso más. Mis pensamientos se agolpaban en mi mente. Quería más. Sabía que, de alguna manera, algo estaba cambiando entre nosotros. No podía rendirme tan fácilmente. —Martín, cuando crezca tú podrías... —comencé a decir, la voz titubeante, pero con una determinación que no había sentido antes. Mi corazón latía con fuerza, como si intentara decirme que este era el momento de expresar lo que sentía. — Ya veremos— Responde él. Me sentía rara porque él me había rechazado, pero sentía que no le era indiferente, tal vez con el tiempo él podría mirarme.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR