Me encontraba lista, con mi vestido verde que resaltaba perfectamente mi tono de ojos. Lo había elegido cuidadosamente, queriendo verme lo mejor posible, tal como mi tío me había pedido. Él insistió en que debía estar "muy bonita" esta noche, y aunque no me gustaba la idea de ser tratada como un trofeo, había algo en su tono que no me permitió negarme. Mi cabello caía suavemente sobre mis hombros, y sentí una mezcla de nerviosismo y resignación mientras me preparaba para la cena.
Al llegar, mi tío lucía impecable con su traje oscuro, como siempre tan seguro de sí mismo. Sin embargo, lo que más me sorprendió fue la llegada de dos mujeres. La primera, una mujer de cabello largo y oscuro, con unos ojos penetrantes que me observaban con una intensidad que no pude ignorar. La otra, una joven pelirroja, un poco mayor que yo, con ojos cafés y una actitud desbordante de seguridad, casi provocativa.
Ambas parecían perfectamente controladas, pero había algo en su mirada que no pude dejar de notar. A medida que se acercaban, mi tío las presentó con una sonrisa que me resultó extraña:
—Victoria, quiero que conozcas a mi prometida, Eliana, y su hija, Berenice. Ellas se mudarán con nosotros.
Mis ojos recorrieron a las dos mujeres, y por un momento, sentí una ola de incomodidad recorrerme. Eliana me sonrió de manera cortés, pero sus ojos oscuros brillaban con una fría indiferencia. Berenice, por su parte, no me ofreció más que una mirada desafiante, aunque la ocultó detrás de una sonrisa falsa. Ambas fingían cordialidad, pero sus gestos no pasaron desapercibidos. Me sentí como si fuera una intrusa en mi propia casa.
—¿Se mudarán con nosotros? ¿Por qué no me has dicho nada, tío? —pregunté, mirando a mi tío con una mezcla de incredulidad y enojo.
Él me miró fríamente, sin cambiar su expresión.
—No tengo por qué darte explicaciones a ti —dijo, con voz cortante.
—Pero... —traté de protestar, sintiendo cómo la rabia comenzaba a crecer en mí—. Soy parte de esta familia también, ¿no?
Mi tío suspiró, como si mis palabras fueran una molestia.
—No hace falta que me hagas preguntas, Victoria. Ya es suficiente —dijo, sin darme la oportunidad de continuar.
Eliana y Berenice nos observaban en silencio, pero no me atrevía a mirarlas directamente. Mi atención estaba completamente centrada en él.
—¿Así que esto es lo que vas a hacer? ¿Traerlas aquí sin consultarme? —exigí saber.
—Sí, Victoria. No todo en esta casa gira a tu alrededor —respondió sin inmutarse.
Me quedé callada por un momento, procesando sus palabras. ¿En qué momento se había olvidado de mí? ¿Acaso ya no importaba lo que pensara?
—No tienes derecho a tratarme así —murmuré, casi para mí misma, pero lo suficientemente fuerte para que me escuchara.
—Vicky... —dijo con una sonrisa tensa, pero forzada, acercándose a mí—. Sé que esto es un poco extraño, pero quiero que sepas que vamos a llevarnos bien, ¿sí?
La forma en que lo dijo me hizo dudar. No sabía si creerle o no. La sonrisa que me dedicó no alcanzó a ocultar la frialdad en su mirada.
—Lo que tú digas, Eliana —respondí, sin poder ocultar el sarcasmo que había comenzado a salir de mi boca.
Ella no pareció ofenderse, pero la tensión en el aire seguía palpable. Berenice observaba en silencio, como si todo esto fuera solo un espectáculo para ella.
—Berenice entrará el próximo año en la universidad, pero por lo pronto irá al mismo colegio que tú —dijo, como si fuera la noticia más normal del mundo. Luego, me miró fijamente—. Espero que seas amable con ella, Victoria.
La sorpresa me dejó sin palabras por un momento. ¿En serio? ¿Ahora tenía que preocuparme por ser "amable" con esta chica que ni siquiera me había dirigido una palabra sin fingir? ¿Qué se creía mi tío?
—Claro... —respondí, mi voz cargada de sarcasmo—. Seré muy amable, no te preocupes.
Mi tío no pareció inmutarse ante mi tono, simplemente asintió y dio un paso atrás.
—Es lo que quiero escuchar —dijo, y luego, dirigiéndose a Eliana y Berenice—. Ahora, vamos a sentarnos a cenar.
Después de cenar, me fui a dormir, intentando calmarme, pero mi mente seguía dando vueltas a todo lo que había sucedido esa noche. Al día siguiente, desperté con la sensación de que algo no estaba bien. Cuando abrí los ojos, me di cuenta de que alguien estaba abriendo mi clóset.
Me incorporé rápidamente, sorprendida al ver que era Berenice, rebuscando entre mi ropa como si fuera lo más normal del mundo.
—¡¿Qué estás haciendo?! —grité, furiosa, saltando de la cama.
Berenice se giró lentamente hacia mí, una sonrisa de satisfacción dibujada en su rostro. No parecía intimidada en lo más mínimo.
—Solo curioseando —respondió con desdén, como si fuera lo más natural.
Mi enojo creció aún más. Caminé rápidamente hacia ella y, con un gesto firme, la aparté de un empujón.
—¡No tienes derecho a tocar mis cosas! —le grité, respirando con dificultad por la ira.
Ella se rió de una manera que me heló la sangre.
—¿Derecho? —repitió con sarcasmo, cruzando los brazos—. Voy a ser la hija de Eduardo, ¿recuerdas? Todo en esta casa es mío, incluso lo que tú crees que te pertenece.
Su tono de superioridad me hizo hervir de rabia. ¿Quién se creía esa chica para hablarme de esa manera? Mi espacio, mi privacidad… no lo iba a permitir.
—¡Esto no ha terminado! —le advertí, furiosa.
Berenice simplemente me miró con esa sonrisa burlona, como si nada de lo que yo pudiera decir la afectara.
—Claro, lo que tú digas. —Y, sin más, se dio la vuelta y salió de mi habitación, dejándome sola con una furia que no podía calmar.
No tenía caso decirle nada a mi tío, porque él jamás me prestaba atención en absolutamente nada. Cada vez que trataba de hablar con él sobre algo que me preocupaba, su respuesta era la misma: indiferencia. Era evidente que esas dos, Eliana y Berenice, estaban en esta casa únicamente por el dinero de mi tío. No me importaba lo que pensaran, pero la forma en que se movían por aquí, como si todo les perteneciera, me revolvía el estómago.
Me senté en la cama, aún molesta por el incidente con Berenice. ¿Cómo se atrevía a revisar mi ropa como si fuera suya? Me sentía impotente, atrapada en una casa donde parecía que ya no tenía ni voz ni voto.