Ayer me despedí de Rocío y de la señora Éricka. En este momento, me encuentro haciendo mis maletas, guardando cuidadosamente las fotografías de mis padres, mi ropa y los recuerdos que siempre he atesorado. No quise esperar a que terminara el semestre, así que tomé la decisión de irme mañana. Mientras organizaba mis cosas, mis pensamientos fueron interrumpidos cuando Berenice entró sin previo aviso. —Le pediré a mi padre Eduardo que este sea mi cuarto... —dijo con esa actitud arrogante que tanto me irritaba. La miré con indiferencia mientras seguía guardando una foto en mi maleta. No tenía ganas de enfrentarla, y su comentario no hacía más que agregar una carga innecesaria a todo lo que ya estaba viviendo. —Ya me da igual —respondí, soltando un pesado suspiro y rodeando los ojos. No pens

