Los labios y la lengua de Salvatore me hacen olvidar que tenemos público, mis dedos se enredan en sus oscuras hebras mientras abro la boca y le doy completo acceso. Mi cuerpo se calienta y mis bragas se mojan. Él se aparta y hago un ruido extraño en señal de protesta. —Ahora no, Gatita —murmura, acariciando mi mejilla. Un gesto inusual en Salvatore. —¿Cuándo volviste? —pregunto, tratando de controlar las hormonas alborotadas de mi cuerpo. Me siento tan emocionada que casi olvido la presencia de Alexandra en casa. —Hace dos horas —responde. Hace una señal y todos desaparecen de la sala. Todos, excepto Loretta. —¿Por qué no viniste a mí? —No tengo idea de por qué razón lo estoy cuestionando. Parezco una esposa preocupada y enamorada. El solo pensamiento me estremece… —Matteo fue herido

