Pasan varios y largos minutos y Matteo no vuelve, La ansiedad me recorre las entrañas. Me compongo como puedo, entro a darme un baño y libero todo aquello atorado en mi interior bajo la regadera. Al salir, me coloco lo primero que encuentro en el closet y un poco de maquillaje, con mis dedos temblorosos cubro la herida en mi hombro con una gasa y voy en busca de mi mejor amiga. Me detengo frente a la puerta de la habitación en la que está Loretta. Sé que me esperan muchas preguntas, y conociéndola, algún par de cuchillos afilados provenientes de su lengua, pero debo medir mis palabras, no le puedo contar todo. Darle conocimiento, no es solo darle poder, sino que también exponerla y convertirla en un blanco para nuestros enemigos. Uno de esos es Franco Di Mauro, pensar en su nombre aho

