Los latidos de mi corazón aún son irregulares por el esfuerzo que hice para llegar antes que él. —Señor —uno de sus hombres se acerca, él levanta una mano y hace retroceder al tipo. Salvatore avanza un paso hacia mí y me mira fijamente con esos profundos y oscuros ojos que parecen atravesar mi alma. Mi cuerpo se tensa y doy un paso atrás, pegando mi espalda contra la puerta, estoy muerta... —Te hice una pregunta, Cara —susurra. Su tono es frío y mortal. —No-no —tartamudeo con dificultad. —¿Estás segura? —insiste. Mueve su cabeza como un halcón y me estremezco de nuevo. —No, pero no quiero estar más tiempo acá. Esto me recuerda todo lo que ya no podré tener en el futuro —pronuncio mientras trato de sonar melancólica y no quedar en evidencia del pánico que siento. —¿Eso es todo? Asie

