Nunca, en mis cortos veintiséis años, imaginé que mi vida se convertiría en una película dramática al estilo francés. Nunca pensé que terminaría sola, viviendo con mi hija y luego diciéndole al amor de mi vida que es padre y que ha pasado seis años sin conocerla. La mirada que me dirige Logan Walker estaba llena de confusión, dolor y rabia. Me imaginaba todo lo que debía estar pasando por su mente, y eso que ni siquiera le había confirmado la verdad.
—Dime, respóndeme la pregunta —vuelve a hablar cuando yo no respondo—. ¿Yo soy el papá? ¡Respóndeme!
Justo cuando estoy por abrir la boca, la puerta del estudio de Thomas se abre, dejándonos ver a una Haylee bastante confundida al encontrarnos juntos.
—Amor, te estuve buscando. ¿Qué haces aquí con ella? —le pregunta a su novio, y luego vuelve a mirarme, pero esta vez con una expresión fría e indiferente.
—¿Y bien? ¿Vas a responderme?
Sé que debería decirle que sí e irme de este lugar, pero no puedo... Esto es algo entre Logan y yo. No quería que su pareja escuchara las razones por las cuales me fui; tampoco que fuera testigo de las palabras de desprecio que Logan podría tener hacia mí. Ya bastante me estoy humillando con esto, no voy a caer más bajo. Solo estoy aquí por el bien de mi hija. Toda esta larga travesía ha sido por el bienestar de mi pequeña.
—No —respondo tajante y él me mira sin entender—. No te voy a responder, no con ella a tu lado.
—¿De qué estás hablando? ¿Entonces es cierto, Larissa?
—Solo voy a hablar contigo a solas, y veo que hoy estás ocupado, así que… —me giro y tomo del escritorio de Thomas una hoja y un bolígrafo. Escribo mi número y se la entrego al pelinegro—. Escríbeme para guardar tu número y entonces quedaremos para hablar… Si no lo haces, entenderé que no quieres saber nada de esto y me iré.
—Espera, Larissa...
—Adiós, Logan —me despido y camino hacia la salida—. Adiós, Haylee.
No puedo decirle... Pensé que era lo suficientemente fuerte para hacerlo, pero no lo soy.
Cuando salgo del estudio, camino con el corazón a mil y la respiración acelerada. No puedo creer lo que acababa de suceder en esa habitación. No puedo creer que fui capaz de decirle esas palabras; no puedo creer que me haya acobardado. Soy una tonta.
Yinah y Thomas me abordan en la sala, y al verme tan alterada, me preguntan:
—¿Le dijiste? —hablan al mismo tiempo y yo niego con la cabeza.
—No, estuve a punto de decírselo, pero Haylee llegó y no quise hacerlo con ella ahí —explico, y la pareja asiente—. Le he dejado mi número. Le dije que me escribiera para vernos en un lugar lejos de esa mujer. Esto es algo entre él y yo… Ahora tengo que irme.
En ese momento, Liv entra a la casa y camina directo hacia mí. Le explico que debemos irnos y, con un puchero, comienza a despedirse de Yinah y de Thomas.
—¿Podemos venir otra vez? —les pregunta con ternura.
—Claro que sí, princesa. Pueden venir cuando quieran —responde Yinah, y mi hija la recompensa con un abrazo.
Me despido rápidamente y les agradezco por todo. Luego, cargo a mi hija y me dirijo a la salida, cuando una voz me llama con fuerza.
No puede ser.
—¡Larissa! —es Logan—. No te puedes ir sin decirme nada. Hablemos ahora.
Liv se aferra a mi cuello y me doy cuenta de que la situación la está poniendo incómoda.
—Ya te dije que no —me giro y lo encaro—. Y por favor, baja la voz. No quiero asustar a la niña… Escríbeme y te diré todo.
Vuelvo a girarme y finalmente salgo de esa enorme casa llena de personas que representaban mi pasado. Ni siquiera me detengo; simplemente camino con rapidez fuera de la propiedad, sin saber qué hacer. Me quedo un rato pensando, ya que no conozco la zona y no veo taxis pasar por ningún lado. Entonces recuerdo a Evan y, sin perder tiempo, lo llamo.
—¿Qué pasó? ¿Dónde estás? —su voz suena preocupada.
No puede pasar desapercibido el tono de desesperación que usé cuando respondió. Él había insistido en acompañarme, pero yo me negué en todo momento; necesitaba dar este paso yo sola.
—¿Puedes…? —se me corta la voz—. ¿Puedes venir por nosotras, por favor?
—¿Estás bien?
Trago hondo antes de responder y continúo con mi camino. Liv poco a poco va perdiendo fuerzas y se queda dormida en mis brazos; eso me da un poco de alivio. Nunca me había gustado quebrarme frente a mi hija. No me gustaba que viera esta parte tan débil de mí.
—No —confieso, aún con la voz ahogada—. No pude, Evan... Yo...
—Larissa, me estás asustando... ¿Qué fue lo que pasó?
Más bien, ¿qué fue lo que no pasó? ¿Acaso imaginé que mi reencuentro con el padre de mi hija sería así? Definitivamente no.
—Lo vi...
—¿Qué?
—Lo vi, Evan... Después de seis años, nos volvimos a ver a los ojos y yo... —me detengo antes de echarme a llorar como una niña. No es justo que aún siga sintiéndome de esta manera, viéndome tan patética, aun cuando tengo una hija, mientras que él se veía mucho más confiado de sí mismo. Un Logan que no se parecía en nada al de antes—. Por favor... Ven por nosotras.
No creo que resista otro reencuentro con mi pasado. No soy tan fuerte como me gusta aparentar.
—Envíame la dirección —pide sin perder más tiempo. Escucho cómo habla con algunas personas y luego mucho ruido a su alrededor—. Estaré allí lo más rápido que pueda, Larissa. No te preocupes, no estás sola en esto.
¿Y entonces por qué me siento más sola que nunca? ¿Por qué siento que estoy encerrada en una habitación sin ningún tipo de salida? Estoy atrapada en un cubo con paredes deterioradas que amenazan con cerrarse y aplastarme cuando menos me lo espere.
¿Realmente hice bien al volver?
No lo sé...