La mordida

1064 Palabras
Isaac miraba por la ventana. Elijah había salido al baño y aprovechaba para despegarse de la puta biblia que Elijah tenía como agenda. Había memorizado la mayoría. Roman, Victoria, Chistopher, Günter, un montón de nombres que sonaban de gente pija y estirada. Miró de reojo la fotografía sobre su cachorro en el escritorio y sonrió. La sonrisa de su bebé realmente lo motivababa a no perder los estribos y volverse loco memorizando tantos números y nombres. Entonces su móvil comenzó a vibrar. Frunció el ceño. Era extraño que alguien lo llamara, cuando vio el nombre su corazón comenzó a latir fuertemente. Juan. No tardó ni un segundo en contestar. Apenas ponerse en la oreja el móvil, pudo escuchar a Juan hablar algo con angustia y el llanto desconsolado de su bebé. —¡¿Juan?! ¡¿Qué sucede?! —¡Isaac, tienes que venir ya mismo, Olie está herido! Isaac no pudo responder, su corazón casi se detenía, juraba que por un momento, saltó un latido y, lo que lo hizo reaccionar nuevamente, fue Elijah, entrando a la oficina. El hombre miró a su asistente, que se encontraba pálido. No pudo evitar preocuparse. —¿Isaac? ¿Sucede algo? —Es mi niño, es mi niño — repitió angustiado, poniéndose de pie —, está herido, llamaron de la guardería. —¡¿Cómo que está herido?! —¡No lo sé, no lo sé! ¡Dijeron que fuera! —¡¿Y qué coño haces aquí?! — Le gritó Elijah. —¡Tengo que pedir un puto taxi! —Olvida esa mierda, le pediré a alguien que te lleve, tú ve abajo, estarán esperándote. Isaac asintió y salió corriendo. Jamás se había impacientado tanto, pero cuando vio el lujoso carro que lo recogía, inmediatamente supo que era de Elijah, al frente estaba un chofer, de barba larga y canas, vestido con traje, quien lo invitó a subirse. Isaac subió en frente y el conductor lo miró extrañado. —¿Sabes que los pasajeros van atrás? — Preguntó una vez arrancaron. —Que da igual, yo también soy empleado de Elijah. —Ostia, ¿tú eres el asistente nuevo? — Preguntó sonriente. — Mi nombre es Günter, chofer personal de Elijah. —Es un gusto — Isaac intentó esbozar una sonrisa. —Elijah me dijo que esto es una emergencia, así que tomaremos un atajo. —¿Un atajo? —Nos vamos a saltar todos los putos altos — dijo el otro con una enorme sonrisa. Al llegar a la guardería, corrió hacia adentro y llegó a la oficina donde se escuchaba el llanto de su pequeño bebé. Su rostro denotaba la angustia que estaba viviendo y, al entrar, vio a Juan tratando de consolar al infante. —¡Olie! — Gritó preocupado, corriendo hacia él y lanzándose al suelo para poder abrazarlo. El bebé no dudó en abrazarlo y seguir llorando en sus brazos. — Aquí estoy, mi niño, aquí estoy. —¡Tenemos que llevarlo a urgencias, Isaac, ¿qué tal si se infecta su herida?! — Dijo Juan igualmente preocupado. Isaac se separó un momento de Olie, quien no paraba su llanto y gritos, para ver en su brazo la profunda mordida que tenía. —No necesitan entrar en pánico — dijo la otra cuidadora, esposa de Juan, Gloria —, ya desinfectamos la herida, necesitará cuidados y poco más, pero todo está bajo control. —Joder — dijo Isaac abrazando nuevamente a su cachorro —. Dios, que pensé que algo muy malo le había ocurrido. —¿Pensaste? — Reclamó Juan. — ¡Que a mi pequeño ángel le destrozaron el brazo! —Sólo es una mordida, sólo es una mordida — Isaac besó la cabeza de Olie mientras repetía eso para todos, incluyéndose —. Todo está bajo control, sólo es una mordida. —¿Te lo llevarás a casa por hoy? — Preguntó Gloria suavemente. —Creo que es lo mejor — dijo Isaac poniéndose de pie, cargando a su pequeño con él. Olie, por su parte, comenzaba a calmarse —. Creo que Olie necesita descansar. —Será lo mejor — dijo Gloria —, te lo digo de verdad, todo estará bien, es más el susto que otra cosa. Isaac asintió. —Muchas gracias, chicos. Al salir de la guardería, Isaac besó al cada vez más tranquilo cachorro, que se aferraba a su padre con dolor. —Vayamos a casa, mi niño — le dijo con suavidad —, ya ha sido suficiente por hoy. Regresaron al auto y Günter los esperaba pacientemente, al verlos acercarse, le abrió la puerta del copiloto y esperó a que subieran para cerrar la puerta. Luego subió él mismo. —¿Todo en orden? —Hay que ir a casa, tengo que cuidar a mi pequeño. —Enseguida — respondió el otro y comenzó a conducir. Cuando cayó la noche, Isaac observó a su cachorro dormir en su propia cama. Jamás se había angustiado tanto como en el momento de la llamada, ahora se dedicaba a soltar feromonas para calmar a su bebé y que siguiera dormido. De pronto su móvil volvió a vibrar, rápidamente respondió sin siquiera fijarse quién era, por miedo a que el movimiento despertara al bebé. —¿Sí? —¿Isaac? — Escuchó la voz de Elijah. El castaño entró en pánico y se enderezó. ¡Mierda! Había ido a casa sin siquiera importarle avisar a su jefe. Se mordió el labio, si lo habían reprendido por llegar un minuto tarde, seguramente su trabajo estaba en peligro por haber abandonado su puesto. —Elijah, lo siento, de verdad, olvidé por completo avisar que no podría volver a mi puesto y yo... —¿Olie está bien? — Preguntó con un tono de genuina preocupación, cosa que sorprendió a Isaac. —S-sí... ya está mejor. Está durmiendo en casa. —Vale, me alegro de oír eso — Elijah suspiró —, si es necesario, tómate el día de mañana para cuidarlo, ¿entendido? —Hombre, no es necesario... —¿No le prestarás atención? El padre del año... Isaac se rio. Elijah, del otro lado, sonrió al escuchar la risa del castaño. —Me alegro de oírte reír, con la cara que tenías cuando recibiste la llamada... —Gracias, Elijah — dijo Isaac conmovido. —Nos vemos en dos días, ¿entendido? —Entendido.
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