Honor

1965 Palabras
Isaac cabeceaba del cansancio, gesto que Elijah notó enseguida. ¿Se atrevería a quedarse dormido en la oficina? Joder, para empezar ¿por qué coño estaba tan cansado? Arrugó la nariz, el castaño todavía estudiaba la agenda una y otra vez; y no parecía terminar pronto. —¿Te quedaste hasta tarde anoche? —Mi bebé despertó en la madrugada por un mal sueño. —Joder, sólo me recuerdas por qué odio a los niños. —¿No quiere hijos? ¿Aún cuando va a casarse tan pronto? —No quiero ni pensarlo, de verdad. No soporto la idea de desvelarme por el llanto de una cosa así. —Los bebés tienen sus ventajas. —¿Cómo cuáles? —Bueno... —¿Lo ves? Ni siquiera tú, siendo padre, puedes nombrar una ventaja de tener niños. —Son monos. —Son chimpancés, querrás decir. —No en ese sentido... —Sé que no lo dices en ese sentido, no soy gilipollas, pero no estoy de acuerdo con lo que dices tampoco. Ambos volvieron a sus respectivas tareas, guardando silencio por unos minutos más. —¿Cómo dices que se llama? —Oliver, pero lo llamamos Olie. —¿"Llamamos"? —Sus cuidadores, mi mejor amigo. A todo esto, ¿por qué está tan interesado en saber sobre mi cachorro? ¿Acaso mintió cuando dijo que no quería uno y está deseándolo con todas sus fuerzas? —Ni puto loco — respondió Elijah con una actitud claramente a la defensiva —. Los niños me repugnan. —Ouch — Isaac fingió que le dolía el pecho —. Igual no creo que sea un buen padre. —¿A qué coño te refieres? —Bueno... se la pasa todo el día en la oficina. Claramente no tendrá tiempo para criar un bebé. —¡Si yo fuera padre le daría atención a ese puto niño de mierda! —¿Así es como lo llamaría? Joder, padre del año. —Isaac... —¿Interrumpo algo? — Una voz los distrajo. Isaac inmediatamente reconoció la voz. Victoria. Se trataba de una mujer hermosa, con una complexión delgada y finita. Su cabello era rubio y largo, casi llegaba a su propia cintura. Sus facciones eran perfectas y su maquillaje se veía casi natural. Ahora entendía los gustos tan refinados de Elijah. —Victoria — dijo Elijah, atorándose la garganta con su propia saliva —. ¿Qué coño haces aquí? —Venía a dejarte esto — respondió mostrando un catálogo, luego miró a Isaac —. Tú debes ser el pobre desgraciado que contrató este viejo amargado — dijo generando una sonrisa en el rostro de Isaac, una que se esfumó cuando Elijah volteó a verlo. —Es un gusto, señorita Victoria. —Oh, por favor, háblame de "tu", yo no soy tu jefa — sonrió con amabilidad, una sonrisa que Isaac juró, por un instante iluminó la oficina entera —. Escuché algo sobre un bebé — dijo nuevamente mirando a su prometido — ¿o escuché mal? —No, Isaac tiene un niño de un año. —Y medio — añadió el padre. —¿De verdad? — Preguntó ella entusiasmada. — Debe ser un niño precioso ¿puedo verlo? Isaac asintió y se levantó para acercarse, llevando su móvil en sus manos. Estando junto a Victoria, le mostró su galería, causando un audible "aw" de parte de la mujer. —¡Pero si es precioso! Elijah, ¿tú lo has visto? —No, ni estoy interesado. —Es precioso, en serio. Isaac entonces se apartó, mostrando una sonrisa de orgullo. —Muchas gracias, le daré tus cumplidos de tu parte. —Por favor, hazlo. Entonces Elijah se levantó de su asiento y caminó hasta su prometida, Isaac regresó a su asiento y esperó a que se besaran para saludarse, pero ese beso nunca llegó, en su lugar, el pelinegro tomó el catálogo de las manos de su pareja. —¿Qué mierda es esto? —Dijiste que los trajes blancos eran una mierda, pero traje esto para probarte lo contrario. Elijah hojeó velozmente el catálogo. —De puta madre. —Sé que te gusta usar trajes de diseñador, así que sólo lo traje pensando en que tengas una idea clara de lo que quieres para pedirlo hecho a tu medida — guiñó el ojo. Elijah suspiró. —Vale, le echaré un vistazo. —Y Isaac — lo llamó Victoria, para captar la atención del asistente. —¿Sí? —Sé que Elijah es un puto dolor de cabeza, así que, si se porta muy mal, puedes llamarme y le daré una patada en el culo. Isaac se rio. —Claro, Victoria, muchas gracias. —¿Cómo que "muchas gracias"? — Reclamó su jefe. — ¿Tan pesado soy? —No tienes idea — respondió Victoria finalmente dándose la vuelta y marchándose de la oficina. Esa, Isaac miraba el estúpido poster de la estúpida sala de espera del estúpido pediatra... suspiró. Debía calmarse. Pero, si fuera una situación de emergencia ¿lo habrían hecho esperar casi una hora en esa silla de mierda? Al menos el cachorrito parecía entretenido con aquella mesita de actividades de la sala de espera. El castaño movía su pierna con ansiedad mientras trataba de ignorar a las otras parejas que cuidaban a su bebé. No estaba celoso, para nada, pero debería ser realmente agradable tener a alguien con quien charlar en esas situaciones de aburrimiento. Arrugó la frente y miró a su bebé, que jugaba con otros niños en aquella mesita. Olie aún no hablaba, no comía nada que no fuera leche o papilla, no se paraba y gateaba muy rara vez. Los otros niños de su edad ya charlaban y jugaban con sus madres. ¿Quizás Olie estaba... atrasado? Se mordió las uñas. —¿Oliver? — Llamó la asistente del pediatra. —Somos nosotros — respondió Isaac rápidamente. La asistente le hizo un gesto para que entrara al consultorio y Isaac se acercó a su bebé. Olie miró con atención a su padre y se metió el pulgar a la boca. Isaac lo tomó del suelo y lo llevó con él. Elijah, por su parte, observaba el catálogo con aburrimiento. Una vez harto de la situación, se quitó las gafas que usaba para leer y se recargó. Se encontraba recostado en su cama, apenas había llegado a casa hacía una hora y no se había ni cambiado la ropa. Miró alrededor. Iba a extrañar su departamento de soltero con sus dos cojones. Aún no podía figurarse la vida como un hombre casado. Y es que, ¡joder, ni siquiera había tenido sexo con Victoria! ¿Cómo podría haberlo hecho si se negaba a tocarla? Bufó y se talló los ojos que picaban por el estrés. Joder, en algún momento pensó que un matrimonio arreglado le traería la paz que no se encontraba buscando el amor, pero ahora parecía estresarlo más de la cuenta. Y es que, Elijah jamás creyó en algo tan cursi como el romance. Siempre se había enfocado en sus estudios y cuando terminó su universidad, se obsesionó con el trabajo hasta llegar al puesto que tenía. Jamás le preocupó una pareja, por lo que, cuando sus padres le ofrecieron a Victoria, lo vio como un buen negocio y aceptó. Ahora no estaba seguro de la decisión. Al día siguiente, al llegar al trabajo, Elijah miró el escritorio que habían traído para Isaac. Arrugó la nariz y se acercó. Isaac había puesto una foto de Olie encima, una pequeña que apenas resaltaba, pero ahí estaba. Recordó las palabras de Victoria, era un niño adorable, pero sólo de saber que esa cosa despertaba durante la madrugaba llorando, se volvía horripilante. En la foto, Olie sonreía ampliamente, mostrando sus pequeños dientes, que causó una sonrisa involuntaria en el hombre, ¡esos eran los dientes de ratoncito que había visto marcados en el chupete! Incluso en la fotografía se veían tan pequeños y graciosos... rápidamente borró su sonrisa al espabilar. Entonces Isaac llegó y Elijah corrió a fingir que miraba la ventana. —Buenos días — saludó Isaac. —Buenos días — respondió Elijah ocultando su nerviosismo detrás de un falso irritamiento. —Disculpe que haya llegado cinco minutos tarde, Olie vomitó sobre mí cuando ya estaba vestido y tuve que cambiarme de nuevo. Elijah alzó las cejas, por la sorpresa de que lo viera observando la fotografía del cachorro, olvidó por completo la hora. —Olvídalo, pero que no vuelva a suceder. —Muchas gracias. Elijah volteó a ver a su asistente y se lo encontró más cerca de lo que esperaba, dándole el vaso de café como un creyente le daría una ofrenda a su Dios. —¿Sin azúcar, cargado y...? —Sin leche o ninguna mierda extra — completó Isaac. —Estás aprendiendo, eso me gusta. Isaac sonrió con orgullo. Aquél día fue particularmente tranquilo. Isaac aprovechaba el tiempo libre para intentar seguir memorizando la agenda. Elijah, aburrido y en silencio, apretaba una pelota antiestrés mientras veía a Isaac, leer con la lengua hacia afuera, de una forma muy jodidamente infantil. Entonces se le ocurrió una idea. —Isaac — lo llamó, el castaño lo miró rápidamente, prestándole toda su atención —. ¿Qué te parece si eliges por mí mi traje de bodas? —¿En serio? —Hablo completamente en serio, no tengo ni puta idea de qué mierda seleccionar del catálogo de Victoria. —V-vale — titubeó Isaac, levantándose y yendo hacia el escritorio de su jefe. —Anda, escoge algo, lo que sea. Isaac se sentó al frente y tomó el catálogo, viendo con cuidado todas las opciones. —Joder, todas estas opciones son... —Jodidas, ¿cierto? El blanco no me va. —Iba a decir asombrosas. Solo viéndolas me imagino lo caras que deben de ser. Elijah alzó una ceja y no respondió de inmediato. Isaac levantó la vista y Elijah sonrió de lado. —Tienes un gusto de mierda — dijo el pelinegro. —Joder... —Hablo en serio, tienes suerte de no poder vestir con esas mierdas porque te verías como un completo payaso. —Muchas gracias. —De nada, hombre — Elijah rió, entonces Isaac regresó al libro —. ¿Has pensado en comprarte algo de ropa cuando tengas tu primer pago? —No lo había pensado, sólo pensé en comprarle algo a Olie. —Joder con el puto niño. —Cuando tenga hijos lo entenderá. —Yo no tendré hijos, entiéndelo de una puta vez. —Eso dice ahora, ya verá que cuando esté casado cambiará de parecer. —Deja de hablar o te rebajo el puto día. Isaac sonrió sin apartar la vista del catálogo. La duda invadió de nuevo a Elijah. —¿Cuánto cuesta el atuendo más caro que le has comprado a tu cosa? —Mmmm... — Isaac pensó —, quizás unos... veinte dólares. —¿Es tan barato? —Bueno, no es como que sean grandes cantidades de tela. —Ahí tienes razón, me has pillado. Isaac sonrió nuevamente. Hubo un breve silencio, entonces Elijah volvió a hablar. —¿Cuánto cuesta un traje de bebé? —¿Lo ve? Ya está pensando en cómo vestirá a sus hijos. —¡Joder, claro que no! — Elijah se defendió rápidamente. — Pregunto por ti, ¿cómo coño vas a vestir a tu cosa en mi boda? Seguramente lo llevarás vestido como un payaso. Isaac levantó la vista con sorpresa. —¿Eso significa que estoy invitado? —¿Pensabas librarte tan fácilmente de eso? Es parte de tu trabajo ayudarme a organizar eso. —¡Qué honor, jefe! — El pelinegro miró de mala gana al castaño. — Elijah — se corrigió a si mismo. —Lo que sea.
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