Capítulo 2

500 Palabras
—¿Cuándo pasó? —preguntó Addison después de unos segundos. —Está tarde —respondió su madre —. El médico dijo que fue rápido, no sufrió. Addison no sabía si aquellas palabras debían tranquilizarla o hacerla llorar todavía más. Tía Mary había sido una de las pocas personas con las que siempre había tenido una relación cercana. Mary la vio crecer en la granja incluso después de irse a vivir a Nueva York regresaba a pasar los veranos a Montana y ella era quien se encargaba de hacer que cada uno de esos días se sintiera como una aventura. —Lo siento mucho, mamá. —Todos estamos destrozados. Aidan viene en camino, ¿quieres que pasé por ti? Addison miró el suelo de madera. —No —respondió —. Yo iré por mi cuenta. —¿Estás segura? —Sí, voy a tomar el primer vuelo, allá te veo. —Addy… —Voy a ir, mamá. No quería contarle lo que acababa de suceder, todavía no estaba lista. Contar que Marcus se había ido significaba preguntas y explicaciones, pero sobre todo, sería aceptarlo y no estaba lista para eso. —Está bien —respondió —. Te esperamos. Al terminar la llamada, Addison dejó el teléfono en el suelo, se quedó en medio del silencio y la oscuridad, tenía los ojos hinchados, el pecho adolorido y una sensación de vacío que parecía haberse instalado dentro de ella. La vida de Addison Matthews había sido complicada, estaba segura que si existía la mala suerte, le había tocado toda a ella. Su padre la abandonó antes de nacer por seguir su carrera, su madre falleció de cáncer cuando ella tenía tres años. Fue criada por el hermano de su madre Mark Matthews que con el tiempo se casó con Sarah Lawson, una modista y empresaria en Nueva York. Sarah no dudó en adoptarla y poder darle estudios, ella y su tío tuvieron un hijo llamado Aidan que para ella seguía siendo un niño, aunque ya había crecido demasiado y ahora se encargaba de los negocios de su madre. Addison estaba feliz hace un año cuando recibió la noticia de su embarazo, Marcus estaba tan emocionado que le propuso matrimonio. Recordaba ese momento como el más feliz de su vida, por fin iba a tener su propia familia, un lugar al que pertenecer realmente, pero todo se vino abajo cuando sufrió una pérdida. Quedó completamente destrozada, intentaba salir de esa situación, pero había una oscuridad que la absorbía de vuelta a ella y le impedía continuar. Ahora Marcus la había abandonado y tía Mary falleció, parecía que su vida estaba llena de malas noticias. Se levantó con dificultad y caminó hasta su habitación. Abrió el armario y sacó una maleta donde comenzó a meter blusas, pantalones, botas, ropa interior y artículos de higiene personal. No se fijó mucho en las marcas y más en la comodidad, al menos tenía claro al lugar adonde se dirigía ahora. Sabía exactamente qué hacer.
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