Capítulo 1
—Voy por algo de beber —le murmuró Addison a Marcus.
Él asintió con un movimiento de cabeza y ella se alejó.
Después de seis meses encerrada en el departamento, al fin se convenció de ir a uno de los eventos de negocios, principalmente porque su terapeuta le recomendó volver a su rutina. Eso era más difícil de lo que se escuchaba.
El mesero le sirvió una copa de vino, miró a su prometido desde la distancia, estaba sonriendo con los otros hombres, parecía relajado y feliz, un hombre muy diferente al que había sido los últimos meses.
En ese momento una mujer se acercó a Marcus por detrás y le tocó el brazo. Marcus se giró y su expresión cambió, la vio de una forma que Addison no supo interpretar. Fue aún peor cuando ella le susurró algo al oído y Marcus sonrió, se inclinó para responderle y fue cuando la mirada de Marcus se cruzó con la de Addison.
Él se alejó de la mujer con una seriedad absoluta y la mujer se fue.
Addison nunca había tenido razones para desconfiar de Marcus, él era un hombre de negocios, de su mismo entorno, tenían más de dos años de relación y jamás pasaría por su mente que él estuviera con alguien más.
A pesar de la incomodidad en su pecho, espero hasta volver a casa. Al entrar al departamento Marcus dejó las llaves sobre la mesa y se aflojó la corbata.
—Fue cansado, pero estuvo bastante bien —comentó —. Gracias por ir conmigo.
Se acercó y le besó la frente.
—Sí, estuvo bien —murmuró Addison —. Aunque…
—¿Qué? —dudó Marcus cansado.
—No sé, no es nada.
—¿Qué pasó, Addy?
—¿Quién era esa mujer? —preguntó.
—¿Qué mujer? —dudó él quitandose la corbata.
—La que estaba hablando contigo esta noche.
—¿En serio? —soltó una risa seca —. ¿Ahora me vas a controlar o qué?
—Solo te pregunté quién era —Addison frunció el ceño.
—¿Y ahora tengo que darte explicaciones de con quién hablo? —le cuestionó Marcus —. También donde estoy, te activo la ubicación si quieres.
—Marcus, solo te pregunté porque no la había visto jamás.
—¡Había muchas personas en la fiesta, Addison! —alzó la voz —. ¡No puedo saber quién me habla a cada momento!
—No tienes que alterarte.
—¿Cómo no quieres que me altere? —preguntó Marcus —. Finalmente has decidido salir de este mal dito apartamento, hemos pasado una buena noche para que ahora vengas a arruinar todo con tu paranoia.
—No, es solo que…
—¿Qué? ¿Qué quieres, Addison? Te he tenido paciencia, creí que había sido una buena noche, pero para tí solo fue ir a controlar cada uno de mis movimientos.
—No te estoy controlando.
—¡Claro que no! —exclamó con sarcasmo —. Siempre eres la víctima, siempre eres la Santa Addison.
—No entiendo por qué estás reaccionando así —murmuró cuando sintió las lágrimas en sus ojos.
—¡Porque estoy cansado! ¡Mal.dita sea! ¡Me cansé de todo esto!
—¿De qué estás hablando?
Cuando Marcus vio las lágrimas deslizándose por las mejillas de Addison se enfureció aún más.
—¡Mal.dita sea! ¡Es suficiente!
Se dio la vuelta y caminó hacía la habitación, buscó la maleta más grande que encontró, la abrió y la dejó en la cama mientras buscaba su ropa y empezaba a tirarla en la maleta. Addison lo siguió.
—Marcus… ¿qué estás haciendo?
—No puedo más con esto, me voy.
—¿Qué? —sollozó —. ¿Cómo que te vas? ¿A dónde?
—A cualquier lugar lejos de tí.
Esas palabras fueron directo al corazón de Addison.
—No me puedes decir eso.
—¡Si puedo! ¡Me voy! ¡Estoy cansado de todo esto! ¡No puedo respirar! ¡No puedo soportarlo más! —exclamó —. ¡No puedo vivir aquí cuando las cosas del bebé están en la otra habitación! —señaló —. ¡Cosas que te niegas a tirar! ¡No puedo soportar verte llorar en cada momento! ¡Verte deambular por la casa como una maldita loca! ¡Verte perder el tiempo viendo por la ventana con esa taza en tus manos! ¡No sales! ¡No hablas con nadie! ¡Estos muros te han hecho perder la cabeza! ¡Es cierto, perdimos a nuestro hijo! ¡Ya superalo!
Addison ni siquiera pudo mover un solo músculo cuando escucho a Marcus, cada una de sus palabras fue como dagas atravesando su cuerpo, sintió como sus piernas se debilitaban y cayó al suelo de rodillas, las lágrimas siguieron saliendo, no podía controlarlo. Marcus siguió metiendo todo lo que pudo a la maleta, camisas, pantalones, ropa interior, sus artículos personales y hasta los zapatos, no importaba el orden, solo lanzaba una cosa tras otra, al terminar cerró la maleta.
Miró a Addison que seguía en el suelo sollozando, pero prefirió tomar su maleta antes que a ella.
—No puedo vivir contigo y recordar a nuestro hijo constantemente. No quiero seguir aquí. Ya no puedo más, Addison.
Pasó junto a ella y se fue.
Addison siguió en la misma posición durante varios minutos, terminó en el suelo intentando comprender cómo el hombre que había amado durante años acababa de marcharse de su casa como si todo lo que habían vivido juntos no significara nada.
No se fijó en el tiempo, fue cuando su teléfono empezó a sonar que logró reaccionar.
Se limpió los ojos y miró la pantalla, era su madre, se tomó un minuto para controlar su respiración y contestó con las manos temblorosas.
—Hola.
—Addison.
La forma en que su madre pronunció su nombre completo hizo que algo dentro de ella se tensara. Estaba segura que ella sabría de inmediato que algo le sucedía, pero quiso guardar la calma.
—¿Qué pasó?
—Corazón… tía Mary acaba de fall ecer.
Addison cerró los ojos, su vida parecía girar en una pérdida tras otra, y no sabía cuánto más podría soportar.