30
Al salir de la casa. Respiro hondo para llenar sus pulmones de aire. Necesitaba ahora más que nunca esa botella de tequila. Apretó los ojos con fuerza – como cuando eras niña Mel. Y te quedabas sola en casa. Escondida en tu closet. Con los ojos apretados – repitió en voz baja. Cuando era pequeña. Mel se metía en su closet. A escondidas. Cuando estaba sola. Su madre solía desaparecerse por días. Y ella se quedaba sola en casa. Sin comida. Se metía en su pequeño closet desgastado de madera. Y cerraba los ojos con fuerza. Cuando hacia eso. Pensaba en que todo estaba bien. Que sus padres estaban abajo en la cocina de su casa. Charlando mientras su madre preparaba la cena. Y que ella era una niña feliz. Con una familia feliz. Y así se quedaba dormida.
Su madre aparecía después de tres o cuatro días. Algunas veces borracha. Y otras veces se encerraba en su cuarto. Ignorándola. Mel se alimentaba. Con la comida que le daban los chicos. O algunas veces. Iba a lugares en donde daban comida para personas de la calle. Lo hizo varias veces. Sin que los chicos se enteraran
– Mel – escucho que alguien gritaba su nombre. Abrió los ojos de prisa. Y volteo hacia donde venia la voz
– Mel – entrecerró los ojos. Para poder mirar bien de quien se trataba
– Mel está todo bien
– hola. Derek. Si está todo bien
– tu Tío está esperando. Ya van a servir la cena
– ah. Vamos entonces
– Mel espera. Quería preguntarte algo
– si
– desde Seattle. Me han enviado como reportero. Para una conferencia. Que se hará en la universidad de New York. La conferencia es de literatura griega. Sé que tal vez no es buen momento. Y entenderé si no quieres ir. Pero quería saber si te gustaría acompañarme
– sí. Me gustaría acompañarte – dijo Mel rápidamente. Derek abrió los ojos del asombro. Espera todo menos. Un sí. De parte de Melanie
– bien… en... yo… pasare por ti. El martes que viene. La conferencia comienza a las siete de la noche. Pero si no te molesta. Quisiera pasar por ti. Dos horas antes. Para ir a comer
– claro. No me molesta. Solo que por ahora no tengo una dirección para darte
– oh… si lo siento Mel
– tranquilo solo tengo que buscar un departamento y así poder darte la dirección
– pero creo que sería más fácil si tuviera tu numero. Así me enviarías un mensaje con tu nueva dirección – Mel lo miro levantando las cejas. Valla que es rápido
– Tu teléfono – Derek se lo dio a toda prisa. Y a Mel se le escapo una risita. Por la desesperación de Derek para sacar su teléfono del bolsillo de su camisa. Anoto su número y lo guardo como Melanie
– ya está. Ahora vamos adentro –
Al llegar al comedor. Ya están todos ahí. Mel tomo asiento en medio de su tío y Derek. En frente a ella. Estaban sentados. Noah. Michael. Beth. Y Mely. La señora Beaumont en su lugar. Y Felipe tomo el lugar del señor Beaumont. Y Theo al lado de Derek
– quiero dar las gracias a todos por estar aquí. Por su ayuda en todo este proceso. Gracias por ser los mejores amigos para mi hijo. Y unos hijos maravillosos. Para mí y mi adorado Cedric . Estoy segura que estaría muy orgulloso. De lo fuerte y valientes. Que han sido cada uno de ustedes. Así como yo lo estoy también. Tómense de las manos por favor – todos los hicieron – querido señor gracias por esta hermosa familia. Y por mí amado esposo. Gracias por el tiempo que estuvo conmigo. Y con nuestros hijos. Gracias por todo lo que provees a nuestra mesa amen – al soltarse todos de las manos. Mel pudo sentir la mirada de Felipe sobre ella. Sintió ese escalofrió. Recorrer. Desde su nuca. Pasándose por toda su columna vertebral. Hasta lo bajo de su espalda. Sintió un fuego en su vientre al recordar el beso que se habían dado esa mañana. Apretó sus piernas con fuerza. Con tal solo mirarla provocaba esas cosas en ella. Tomo la copa con agua. Y le dio un largo trago. Su garganta estaba seca. Y su pecho sin aire
– Debemos hablar – le dijo su tío al oído. Mel estaba tan sensible que se sobresalto. Por la cercanía de su tío – claro – respondió dándole otro trago a su copa de agua.
La cena transcurrió en silencio. Y en las miradas intensas de Felipe. Mel no negaba que le gustaba como él la miraba. La hacía sentir. Tan deseada. Pero debía controlarse. Nunca había deseado a un hombre. Ni si quiera a Richard. Pero aun así. Felipe se había dejado besar por ginebra. Sin poner resistencia alguna. Ella no quería ser su nuevo juguete. No lo permitiría. Sabía que Felipe. No era un hombre monógamo. Lo vio aquella noche en la discoteca. Se había acostado también con sus dos mejores amigas. Y las trataba como si nada hubiera pasado. Ella no podía hacer eso. No podía solo hacerlo con él. Y luego comportarse como si nada.