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Al bajar del auto. Sintió que el piso tambaleaba. Se quedo de pie un momento para poner su mundo en órbita de nuevo > caminaron hasta la casa y Theo les abrió la puerta
– ¡Mel! ¿Cómo estás?
– bien. Mal. No lo sé
– ¿esta ebria?
– no. No
– hueles a licor
– solo tome un poquito – dijo haciendo el gesto con la mano. de lo muy poquito que había tomado – pero estoy bien. Te lo juro. Pregúntame lo que quieras
– bien. A qué edad perdí la virginidad
– a los catorce. Esta muy fácil eso lo sabe todo el mundo
– entonces… dime algo que solo tu sabrías. Algo que nadie que no sea parecido a ti sepa. Sorpréndeme
– la constante de planck. La tierra gira alrededor del sol. La constante es 6,626007004
– sí. No estás ebria. Solo tú dirías algo así
– te lo dije. Solo fue un poquito. Me tomare un café y estaré bien – respondió con una sonrisa ladeada
– ya todos están aquí. Solo esperábamos por ti – Mel miro a Theo con el cejo fruncido
– ¿a mí?
– sí. Mama dijo que tenías que estar presente en la lectura del testamento
– oye Theo entiendo. Que tu padre me considerara como una hija. Yo también lo consideraba mi padre. Pero creo que eso es algo familiar
– el abogado de papa dijo que no leerían si no estabas presente. Al parecer mi padre te dejo algo
– ¡mierda! Perdón Theo. Pero creo que voy a necesitar otro trago de esta cosa – dijo moviendo la botella de tequila – y el café. Podrían esperarme un momento
– claro. De todas formas mama está hablando con una pelirroja parlanchina. Que dijo ser amiga de Felipe – >
– iré a la cocina a que nana Nubi me de ese café
– Te esperamos en el despacho de papa – Mel asintió. Del camino a la cocina le dio un último trago al tequila
– nana Nubi
– Niña Mel – saludo la anciana con una sonrisa
– ¿estabas llorando?
– oh… no. Ni niña tranquila. Es solo que hoy durante el almuerzo he servido el plato del señor. Y también a la hora del té. No me acostumbro todavía – dijo la mujer con la voz quebrada. Mel camina hacia ella. Y le da un abrazo
– nana Nubi. Yo también lo extraño. Nada será igual sin él. No sé cómo será la vida de ahora en adelante – la voz de Mel también se quebró
– Necesita algo – preguntó la mujer. Mientras limpiaba sus lágrimas con el delantal
– sí. Un café. Pero puedo preparármelo yo misma. Te apetece uno también
– yo puedo preparárselo
– no. Nana Nubi. Yo lo hare. Anda siéntate un rato. Debes estar muy cansada. Y parece que no has dormido bien – Mel guio a la mujer hasta de una de las silla de la barra de comedor y la hizo sentarse
– ¿cómo te gusta el café?
– sin azúcar. Los ingleses no somos muy amantes al café. Al menos no todos
– cierto lo olvidaba. Si prefieres te preparo té
– no. Tomare un café con usted – Mel saco de tazas. Y puso el agua para el café
– en donde está el café
– En el segundo gabinete de la derecha – Mel saco el café y la azúcar que también estaba en el mismo lugar. El café era instantáneo. Mel no es muy amante del café instantáneo. Pero necesitaba ese café urgente. Si quería estar completamente lucida para la lectura de ese testamento
– aquí esta. Espero que te guste – Mel tomo asiento al lado de nana Nubi. Y le dio un trago a su café
– nana Nubi. Como es que paraste aquí en los estados unidos
– mi madre trabajo para la madre de la señora. Y cuando los señores decidieron venirse a vivir aquí. Me vine con ellos
– pero no tenías familia. Alguien por quien quedarse en Inglaterra
– me convertí en viuda muy joven. Me case con Henry. Mi esposo. A los veinte años. Y quede viuda cinco años después de habernos casado
– oh… nana Nubi cuanto lo siento
– está bien. Fue hace mucho tiempo
– que sucedió con el
– cayo de un caballo. Mientras estaba persiguiendo a un siervo. En una casa de vacaciones que tenían los señores. Su cabeza pego contra una roca y murió
– lo siento nana Nubi no debí preguntar
– la muerte es algo para lo que estamos predestinados
– pero nana Nubi. Eras muy joven. ¿Porque no rehiciste tu vida?
– porque Henry. Era y es el amor de mi vida. El unico hombre en mi vida ha sido el. Y a pesar de que han pasado muchos años desde que murió. Mi corazón lo sigue amando. Como desde el primer día en que lo vi
– eso es muy hermoso nana Nubi. Así que tu madre trabajo para la mama de la señora Beaumont
– sí. Toda mi familia lo ha hecho durante generaciones. Hemos trabajado para los Travenoch. Por muchos años. La señora fue quien me ayudo. Cuando Henry murió. Por eso no lo pensé. Cuando me pregunto si quería venir con ellos hasta aquí
– pues me alegra que hayas decido venirte con ellos. De no ser así no te hubiera conocido. Ni a tus deliciosos jugos
– siempre tan dulce y bondadosa. Mi niña Mel – dijo la mujer acariciando la mejilla de Mel – todo lo que hubiera dado. Por tener una hija como tu – los ojos de Mel volvieron a cristalizarse.
La nana Nubi quería ser su madre. Mientras la que la había traído al mundo. Se encargaba siempre de recordarle. Que había sido lo peor que le había pasado. Que debió deshacerse se ella cuando pudo hacerlo. Y ahora la había abandonado. Dejándola sin nada. Sin techo. Ni un lugar a sonde ir. Cuando toda esta tormenta cese
– y todo lo que hubiera dado yo. Porque fueras mi madre – las lágrimas corrieron por las mejillas de Mel. Y nana Nubi las iba limpiando
– Nana Nubi – se oyó un grito desde el pasillo. Mel se limpio las lágrimas. Y ambas mujeres volvieron a su posición
– nana Nubi. Ginebra quiere – Felipe se detuvo el seco al mirar a Mel en la cocina. Mientras que el rostro de nana Nubi se endureció al escuchar ese nombre – Melanie. Estas aquí – Mel no respondió. Quito la vista de Felipe y le dio un trago largo a su café – nana Nubi. Ginebra quiere un té. Crees que podrías prepáraselo – terminado Felipe su frase. La alta pelirroja apareció detrás de él
– nana Nubi. Cuanto tiempo – dijo caminado hacia nana Nubi. Quien se echo hacia atrás rechazando cualquier contando que venga de ella. Mel frunció el entrecejo. Al mirar la reacción de nana Nubi >
– claro joven Felipe. Preparare el té. Para la señorita. A donde se lo llevo
– a ningún lado. Ginebra se lo tomara aquí. Y luego se irá – apesto Felipe. Ginebra lo miro molesta también. Y ante tal escena Mel termino su café rápidamente y se levanto
– nana Nubi. Por favor trata de descansar – dijo dándole un beso en la mejilla a la mujer. Quien le dedico una sonrisa
– niña Mel. Desea algo de comer
– no. Estoy bien. Muchas gracias –
Mel salió de la cocina. Y mientras caminaba por el pasillo. Una mano la detuvo
– Melanie espera – dijo Felipe sosteniendo su brazo. Mel miro el agarre y luego lo miro a él
– no me toques – dijo entre dientes
– Mel de verdad lo siento. Déjame explicarte
– no quiero que me expliques nada. Solo quiero que te alejes de mi – Mel se soltó del agarre de Felipe bruscamente
– Felipe – llamo la voz de ginebra que se acercaba
– te busca tu Ginebra. Arturo – dijo Mel dándose vuelta y siguiendo su camino
Subió las escaleras a toda prisa. Hasta el despacho del señor Beaumont. Al llegar a la puerta respiro profundo. Y se miro la ropa que llevaba puesta. > trato de acomodar un poco su ropa. Y su cabello. Y toco la puerta – adelante – abrió la puerta con cuidado. Adentro se encontraban Theo sentado en uno de los muebles de terciopelo verde. La señora Beaumont sentada en una silla de madera cerca del escritorio. Y un hombre canoso. Sentado en la silla en donde solía sentarse el señor Beaumont
– lamento haber tardado tanto. No sabía que tenía que estar presente – se excuso mientras tomaba asiento al lado de Theo
– está bien. Querida – dijo Adriana con una suave sonrisa. Mel miro a Theo. Que asintió. En forma de pregunta para saber si todo iba bien. Y ella respondió asintiendo con una sonrisa nerviosa. La puerta se abrió. Y Felipe apareció
– siento mucho. La tardanza. Ya podemos empezar – Dijo el tomando asiento al lado de su madre
– bien Harold. Ya puedes comenzar – dijo Adriana
– bien estamos aquí. Para leer la última voluntad. Del señor Cedric Charles Beaumont – el asentó del abogado era mucho más marcado. Que el de Theo y Felipe
– yo Cedric Charles Beaumont. Haciendo uso de mis cinco sentidos. Expreso mediante este testamento lo que será mi última voluntad. Este documento quedara bajo el poder de mi abogado. El señor Harold Travenoch – >
– Harold es hermano de mama – dijo Theo al oído de Mel. Respondiendo así su pregunta mental
– este testamento será leído en presencia de. Mi adorada esposa. Adriana Beaumont Travenoch. Mis hijos Felipe y Theodoro Beaumont. Y Melanie Scott. Sin la presencia de alguno de ellos. No se podrá leer el documento. Su presencia. Es sumamente importante – el abogado se detuvo y miro a las cuatro personas que estaban en el lugar. El ambiente se había vuelto tenso. Y el aire pesado – para mi esposa y compañera de vida. Mi quería Adriana. Tú fuiste mi ayuda y guía hacia la luz cuando más lo necesite. La madre. De mis dos posesiones más valiosos. Mis hijos. Mi compañera fiel. En cada momento de adversidad. Mi consuelo en cada pérdida. Y mi alegría en cada victoria obtenida a tu lado. Más que darte lo que he predestinado para ti. Te doy mi corazón. Que ha sido tuyo desde el primer momento. La mitad de todo lo que poseo es tuyo. Mis bienes y empresas. Todo cuanto tengo el cincuenta por ciento es tuyo.
Felipe. Mi adorado Felipe. La vida no me será suficiente. Para pedirte perdón por tanto. Pero el hecho de que después de todo me sigas mirando a los ojos. Me doy por servido. Estoy tan orgullos de ti hijo mio. Más de lo que imaginas. Haz logrado cosas increíbles en tu vida. Convirtiéndote en un gran hombre. El gran hombre que siempre supe que serias. Del cincuenta por ciento restante. Veinticinco por ciento son tuyos. Junto con la editorial de New York. Lo unico que le quitado a tu madre para dártelo a ti. También dejo algo para ti. Que al final de la lectura Harold. Te dará a ti y a tu hermano.
Theodoro. Mi pequeño. Eres el regalo de tu madre hacia mí. Tan valiente como tu hermano. Y con la energía de un huracán. Todo un imán para los problemas. Tienes un corazón noble hijo mio. Los dos tú y tu hermano lo tienen. Te dejo a ti el veinticinco por ciento restante. Y la editorial en Londres. Esa será tu responsabilidad. Ya es hora. De que seas un hombre. Y salgas a defender el patrimonio de tu familia. Sé que lo harás muy bien. Confió en ti. Y por ultimo Melanie – quien al oír su nombre se removió en su silla. Por el escalofrió que recorrió su cuerpo – el día en Theo te llevo por primera vez a casa. Pude ver en tus ojos una dulce niña que lo unico que necesitaba era ser amada. Te convertiste en la pequeña luz de mis ojos. Y no sabes cuánto lamento no haber podido decírtelo antes. Aun recuerdo tu cara. Cuando te lleve al baile. No sabes el honor que fue para mí. Lamento tanto no haber podido evitar. Todo lo que te paso. No haber sido el padre que debí ser. El que protege y guarda a su familia a toda costa. Aun más si se trata de una princesita con alma de cristal. El alma más hermosa que haya conocido. Sé que encontraras a ese protector. La felicidad llegara a ti. Cuando menos lo pienses y sin pedirla. Te dejo a ti varios tesoros. Que se merecen ser tuyos. Y uno de ellos que no me atreví a darte antes. Espero me perdones y me entiendas.
Por último. He pedido por cada uno de ustedes. Desde el momento que supe de mi enfermedad. He levantado plegarias. Por la felicidad de cada uno. Perdóneme por no haber dicho nada. Pero quería seguir siendo. El esposo y padre. Valiente. No el que estaba enfermo en una cama de hospital –
Durante la lectura. Algunas lágrimas salieron. Harold se levanto. Y entrego a cada uno los regalos especiales. Que Cedric había dejado para ellos. Al llegar hacia Mel. Le entrego una pequeña caja de madera. Con un cerrojo dorado. Mel miro hacia los lados. Y vio a cada uno inmersos en sus cosas. Antes de abrir la caja. Acaricio la tapa. Tenía flores talladas. Era realmente hermosa. Una lágrima cayó en la tapa de la caja. Y Mel la limpio rápidamente. Quito el cerrojo y abrió la caja. Adentro venia forrada. Con terciopelo rojo. Tenía dos cajitas. Una pequeña y una mediana. Ambas de color azul. Y dos cartas. Tomo una de las cartas. Y en la parte de adelante decía. Escrito a mano. Cedric (papa) abrió la carta sacando el papel que tenia adentro
Mi linda Melanie. En esta carta compartiré un secreto contigo. Uno que no he compartido con casi nadie. Debo confesar que solo Adriana y yo lo sabemos. Y mi madre. Te pareces mucho a mi linda Katy. Tuve una hija antes de Felipe. Con mi primera esposa. Katy. Era una hermosa Niña de risos castaños. Como tú. Ojos marrones. Y sonrisa dulce. Murió cuando tenía tres años. De una neumonía. Cuando nació. Nos dijeron que tenía problemas con sus pulmones. Y dificultad para respirar. Al morir la madre de Katy estaba embarazada de Felipe. Al nacer Felipe. No quiso saber nada de él. Y después de cinco años. Nos separamos. Ella tuvo una recaída. Y no supero la muerte de Katy. Cuando te vi. Vi a mi linda Katy en tus ojos. Sé que suena. Descabellado compararte con alguien muerto. Pero como con Katy. A ti tampoco te pude proteger. Y lo lamento.
Dejo para ti. Unos pendientes que pertenecieron a mi abuela. Mi abuelo se los regalo. Cuando dio a luz a mi padre. Son una reliquia familiar. Y nadie más que tú debe tenerlos. Así que no te niegues por favor. Te conozco jovencita. También dejo para ti. Un brazalete que perteneció a la hermana de mi madre. Mi madre me lo regalo cuando nació Katy. Diciendo que mi hija debía llevarlo. Perdí a Katy. Pero la vida me regalo otra hija. Y te lo doy a ti para que lo lleves.
Y por ultimo. Algo que debí darte hace mucho tiempo. Pero quiero que sepas. Que a veces son valientes los que huyen. Huir no nos convierte en cobardes. Si no en valientes que tienen miedo a arruinar más la situación. Es bueno tener miedo. Porque así sabemos que somos valientes. Tu padre es un hombre increíble Melanie. El mejor padre que he conocido. Incluso mejor que yo. Dejo esto en mis manos antes de irse. Por favor Melanie. Léelo con tu corazón. Nada justifica. Que se haya ido dejándote. Con una mujer cruel. Que se hace llamar tu madre.
PD: la caja la mande hacer para ti. Sabía que te gustaría.
Perdóname por dejarte sola
Te quiero Melanie
Melanie cerró la carta rápidamente. Y tomo la otra que estaba dentro de la caja. Al mirarla. Sus manos comenzaron a temblar. Y el aire se le hizo escaso. > sus manos estaban temblando. Volvió a meterla nuevamente en la caja. El miedo por saber que decía esa carta. La consumió. Necesitaba valor mucho. Miro hacia los demás. Pero todo seguían en sus asuntos. Vio a Felipe con una carta en la mano. Y a Theo también. Tomo la caja pequeña te terciopelo y al abrirla. Unos pendientes estaban adentro. Dos pequeños diamantes. Muy hermosos. Mel los acaricio. Y Sus ojos se llenaron de lágrimas. El señor Beaumont. Los había dejado para ella. Una reliquia familiar. Al abrir la otra caja. Un brazalete. De plata con zafiros azules. Muy delicado. Guardo todo nuevamente en la caja. Y le paso el seguro. Limpio sus lágrimas. Y se acomodo en su asiento
– Mel está todo bien
– sí. Voy a salir un rato a caminar
– claro. Tu Tío ya debe de estará aquí – Mel se levanto y tomo la caja. La envolvió con sus brazos. Esa caja era ahora su bien más preciado
– Mel linda. Te quedaras a cenar
– si – > salió del despacho. De camino al jardín. Su mente no dejaba de pensar. En la carta de su padre. Había tenido suficiente en las últimas semanas. Como para revivir el abandono de su padre.