capitulo 24

4306 Palabras
24 – Felipe – llamo con dulzura y tristeza. Felipe levanto la vista. Y parpadeo varias veces para ver si era verdad lo que estaba viendo – estas… estas aquí. ¿De verdad eres tú? – Pregunto poniendo la mano en la mejilla de Mel – sí. Soy yo – las lágrimas amenazaron con salir. Cuando Melanie vio a Felipe levantar la cara. Tenía grandes ojeras. Y los ojos rojos. Su labio está roto. Al igual que los nudillos de su mano derecha. Su cabello esta hecho un desastre. Y tiene una barba de tres días > – estas toda mojada – eso no importa. Vamos adentro – Mel ayudo a levantar a Felipe. Dejando que el descansara sobre ella – necesito las llaves – La puerta está abierta – al entrar al apartamento la mirada de Mel se pierda en el desastre que está hecho. Hay vidrios y muchas cosas rotas por todas partes. Una de las sillas de la mesa redonda de comedor está hecha trisas y hay varias botellas de vino en el piso. Además de latas de cerveza. Parece que un huracán ha pasado por ese lugar o peor aún. Un hombre molesto y herido a pasado por ahí – ¿desde cuándo nos duermes? – desde que te fuiste – Mel ahoga un grito. > – vamos a que duermas un poco – ¡no! ¿Te irás? – si lo que te preocupa es que cuando despierte yo me haya ido. Puedes estar tranquilo estaré aquí para cuando despiertes. Pero por favor tienes que descansar – Mi cuarto es el primero – Mel lo llevo hasta la habitación. Al abrir la puerta de la habitación y encender las luces. Se rebeló ante ella una imponente habitación. Tan imponente como su dueño. Las paredes color gris claro. Y una gigantesca cama con dosel. Cortinas de un blanco amarillento. Y sabanas de ceda azul marino. Mel acuesta a Felipe. Lo acomoda muy bien quita sus zapatos y los calcetines. Coloca una almohada bajo su cabeza y lo arropa – no te irás otra vez – no. Me quedare. Tienes que descansar – lo hare ahora que has vuelto – con esas palabras Felipe cayó en un profundo sueño. Mel se quedó mirándolo por unos segundos. Le gusta mirarlo dormir. Sus labios rosados entreabiertos. Su pecho subiendo y bajando con suavidad > dejo de admirar a Felipe. Cuando una gran fotografía frente a la pared de la cama la sorprendió. Era una calle. Con casas a los lados. Las paredes de las casas estaban llenas de flores y enredaderas > la fotografía es en blanco y n***o. Volteo su rostro en busca de más fotografías. Y al hacerlo deseo muy a sus adentros no haberlo hecho. Claro que había más. Muchas más. Pero estas no eran de hermosos paisajes de casas antiguas y flores. Eran desnudos. Fotografías grandes en marcos de color blanco. Una de ellas. Era una mujer con una larga cabelleras risada. Esta de perfil. Su cabeza inclinada hacia atrás. Hace que su cabellera llegue hasta su culo. La mujer está sentada sobre sus talones. Y sus manos están en su cuello. Tiene los ojos cerrados y la boca entreabierta. Sus codos aprietan sus pechos. Tiene una figura hermosa. Un abdomen tan plano > La otra es la misma mujer tumbada boca abajo mientras una mano. Acaricia la línea de su columna vertebral. Son dedos de hombres. Dedos largos > Y la última foto seguía siendo la misma mujer. Melanie se preguntó si esa hermosa mujer de larga cabellera risada había sido su amante en otros tiempos o si lo seguía siendo. En esta última foto. La mujer esta tumbada de espaldas. Su cabello regado tapa sus pechos. Mientras una cabeza descansa en su regazo. No se distingue la cara del hombre. Pero tiene hombros anchos y la cabellera alborotada. Mel miro hacia el piso. Y vio que mientras admiraba las fotografías. Había hecho un charco de agua bajo sus pies – mierda. Felipe enfurecerá – pero duda si puede o no tomar algo de él para ponerse. La última vez que toco sus cosas no le fue muy bien. Pero si seguía con esa ropa. Corría el riesgo de enfermarse y de dañar el fabuloso piso de madera pulido de Felipe. Que era peor que una gripe. Se quitó el jersey que su tío le había dado. Y seco el piso. Camino hasta una puerta de madera blanca. Y la abrió para su suerte era el baño. Exprimió el jersey y al mirarse al espejo la camisa blanca que tenía bajo el jersey debajo deja al  descubierto lo que no podía tapar su sujetador de color rosa palo. Se quitó la ropa. Y la dejo sobre el lavamanos. Tomo una toalla y se envolvió en ella y volvió al cuarto en busca de algo para ponerse. Busco en una de las gavetas. Y consiguió un bóxer gris algo pequeño. Y en la otra tomo una camisa que al parecer es de pijama. Blanca. Volvió al baño y se puso la ropa. Seco muy bien su cabello y salió del cuarto apagando la luz. Mientras se mordía las uñas y devanaba sus sesos para saber en dónde estaba el cuarto de la colada. Decidió hacer caso a sus instintos y se fue hasta la cocina. Había una puerta en un pasadizo escondido. > decidió también no tentar a su suerte ya había tomado una camisa y unos calzoncillos prestados. Ya era mucho. Así que exprimió muy bien la ropa con las manos. Uso detergente y enjuague de ropa para que no oliera mal. La volvió a exprimir muy bien y la tendió con unos ganchos. Al regresar a la sala miro el gran desastre. Saco una bolsa para basura de una de las gavetas de la cocina. Y comenzó a recoger la basura > pensó mientras recogía las botellas de vino y las de cerveza. Miro la silla de la mesa redonda. > Luego de dejar todo perfectamente impecable. Decidió hacer algo de comer. Preparo caldo de pollo. Y un jugo de naranja algo fuerte. > un escalofrió corrió desde su nuca por toda su columna vertebral extendiéndose por toda su espalda. Todavía le asusta como actuó Felipe aquella vez que la vio en su despacho mirando sus cosas > ella había usado sus cosas. Llevaba puesto una camisa y un bóxer suyo. Además de haber usado su detergente y enjuague para ropa. También había usado su cocina. Su comida. > Dejo todo en la cocina muy limpio como su nada hubiera pasado allí. Y camino hasta el mueble más cercano. El gran mueble de cuero. Arrastrando los pies. Y con los brazos y la cabeza caída. Se dejó caer. Pensando en cómo reaccionaría Felipe al verla y se quedó dormida. Estaba cansada. No había parado de llorar. Y necesitaba una anestesia. Había escuchado de una vez una frase de unos de sus cantantes favoritos. Qué ser humano es un estado que requiere algo de anestesia. Ella no usaba drogas. Nunca las había usado. Pero cuando dormía entraba en un mundo que era enteramente suyo. Como dice también unos de sus libros favoritos. En ese mundo solo sucedían  las cosas que ella permitía que sucedieran. Los seres que amaba se quedaban para siempre. Y no había traumas. Ni cuartos blancos. Ni encierros. Siente como algo suave pero frio acaricia su mejilla. Se alarma y se despierta a toda prisa. Pega un salto quedando sentada. Al ver a Felipe con las manos levantadas en el aire – Felipe… los siento de verdad. No quería tomar tus cosas. Por favor no te molestes – comienza a lanzar palabras a toda prisa – el piso estaba empapado. Y era madera. Se dañaría.  Y el jabón y el enjuague. Los pagare lo prometo – cubrió su cara con ambas manos – lo siento. Lo siento – repetía una y otra vez. Mientras movía su cabeza – Melanie calma. Porque tendría que estar molesto. Vamos cálmate – le pidió Felipe descubriendo con cuidado su cara. Melanie lo miro con las cejas arrugadas > – ¿no estás molesto? – no. Bueno si estoy algo molesto. Desapareciste. Pero a pesar de este maldito desastre estas aquí nuevamente – Yo lo siento mucho – dijo bajando la mirada – gracias por venir. Yo… creí que estarías con Theo – ella noto algo de tristeza en su voz – lo estaba. Pero luego Noah dijo que estabas. Solo. Y vine y te encontré tirado en la puerta. Yo… creí que me necesitabas. Lo siento – no lo sientas. Ya deja de disculparte por todo. Te necesito. Te necesite desde que te fuiste por esa puerta la semana pasada – te prepare algo de comer – ¿Cómo está mi madre? – ella… no está bien. Theo estaba encerrado en el despacho del señor Beaumont. Y ha venido mucha gente de Inglaterra – creo que oficialmente soy un huérfano – > – ¿acaso no sabes que no soy hijo de Adriana? – > – Todo el mundo lo sabe – lo siento. No lo sabía. Creo que no entro en ese todo el mundo – tú no entras ni en ese ni en ningún todo el mundo – ella no sabía si sentirse alagada u ofendida – Pero le dices mama – sí. Adriana ha cuidado de mí desde que tengo cinco años. La quiero como una madre – Que paso con tu verdadera madre – Ella murió – el tono de voz de Felipe cambio rápidamente. Se convirtió en sombrío y Melancólico. Sus ojos se tornaron oscuros. Por lo que Mel dedujo que no le gusta hablar del tema así que decidió no preguntar más – ¿Cuánto tiempo llevas sin comer? – no lo sé. Lo olvide – Vamos a que comas algo – Mel se levantó primero que él y camino hasta la cocina. Tomo del calienta platos una taza para sopas. Color verde limos. Y sirvió el caldo de pollo y verduras. Y en un vaso el jugo de naranja. Cuando se dio vuelta ya Felipe estaba sentado en la barra de desayuno de  la cocina en una de las altas sillas – tienes paracetamol o algo que se le parezca – sí. En el gabinete de la esquina – dijo señalando en la dirección que indico. Mel asintió y camino hasta allí. Tomo la caja de las pastillas. Y saco dos – Ten tómatelas – dijo entregándole las patillas con el jugo de naranja – gracias – no sabía que te gustaba. Así que me tome el abuso de preparan caldo de pollo. Espero no te moleste – no me molesta Melanie. Puedes tomar lo que quieras – es que la otra vez dijiste que no te gustaba que tocaran tus cosas – la otra vez me comporte como un completo idiota. Y de verdad lo siento mucho – También tome una camiseta y unos bóxer tuyos – dice jugando con el dobladillo de la camiseta. Felipe la miro y soltó una risa desganada – ven acompañe a comer. No me gusta comer solo. Bueno no si estás aquí – Mel tomo asiento su lado en la otra silla. Coloco las manos sobre la barra de desayuno – ¿Mel que te paso en las manos? – pregunto Felipe alarmado.  Mel miro sus manos rápidamente. Por la cara de Felipe pareciera que se las hubieran amputado. Al mirárselas. Vio que estaban rojas. Y que algunos de sus nudillos estaban rotos. Las escondió rápidamente bajo la barra – levanta las manos. Que te sucedió – al Melanie le sorprendía la capacidad de Felipe para mandar. El es mando y autoritario – no es nada. De seguro me lo he hecho cuando lave mi ropa – ¿¡lavaste tu ropa a mano!? Cuando compre este piso. La agente de bienes raíces. Me aseguro que tenía una lavadora y secadora de último modelo. Y tú has lavado tu ropa a mano – es que creí que sería mucho abuso si usaba la lavadora. Ya había tomado tu ropa prestada – te has roto todas las manos – no es nada Felipe. Ya había pasado antes – ¿es costumbre o no sabes que existen las lavadoras? – no. No es costumbre y si se dé la existencia de las lavadoras. Pero era lo bastante pobre como para no poder gozar de tener una lavadora así que lavaba toda mi ropa a mano – apesto molestas. Mientras intentaba levantarse de la silla – Mel espera lo siento – dijo Felipe tomándola por el brazo para que volviera a sentarse – No era mi intención ofenderte – Felipe tomo sus manos. Y las beso justo donde estaban lastimadas – no eres merecedora de esto. Mereces lujos y todas las comodidades del mundo – me conformo con lo necesario – nuevamente lo siento Melanie. Está en mi naturaleza ser un animal – cuando mis padre nos dejó. Mi madre y yo quedamos sin nada. El dinero no alcanzaba ni siquiera para ir a la lavandería. Un día tu padre quiso regalarnos una lañadora y mama se negó. Dijo que no aceptaría limosnas de nadie. Y tu padre me dijo que cuando quisiera podía ir a lavar a su casa – con esas palabras Mel rompió el llanto – Papa… era maravilloso – la voz de Felipe se quebró – creo que deberías ir a casa de tus padres. Felipe y tu madre te necesitan – dijo mientras se limpiaba las lagrimas – y tu como harás para irte – no tengo ropa. Puedo llamar a Beth para que me traiga ropa y luego irme con ella – puedo resolver lo de la ropa. Y así te irás conmigo – > > – cuando hablo de resolver. No quiere decir que te pondrás la ropa de otra mujer Mel – responde como si hubiera leído sus pensamientos – puedo llamar a mi secretaria. Para que te compre ropa. Solo tienes que darme tu talla. Aunque creo que la seo – dice mirando a Mel de arriba abajo. Ella se baja la camisa un poco para cubrir sus piernas – no quiero que gastes dinero comprándome ropa – eso no está en discusión. Acabas de decir que te conformas con lo necesario. Y te es necesario ahora ropa. Así que debes quedarte quieta – Mel abrió la boca para replicar pero Felipe no la dejo hablando el primero – iré a llamarla. No tardare mucho – Felipe se levanto de la silla. Y Mel boto el aire > – vendrá aquí dentro de media hora. Tengo que darme una ducha. Estás en tu casa. Por favor mira lo que quieras – Mel quiso preguntar si podía mirar en el despacho. Pero se limito solo asentir Felipe se perdió en el pasillo. Y Mel se levanto.  Las cosas sucias. Las lavo y coloco en su lugar. Camino hasta la sala de estar. En un rincón algo llamo su atención. Algo que no había visto la primera vez que vino. Era un tocadiscos. Y a su lado ordenados muy metódicamente en una repisa todos los discos de QEEN. A Mel le brillaron los ojos de la emoción. Adora Qeen. Pasa su mano por el tocadiscos. Quiere poner música. Pero no es el momento como para escuchar a Qeen. Sigue mirando hay varias fotografías. De Felipe y su familia. Y otras de paisajes parecidos. A la de la fotografía grande de la habitación de Felipe. Pero están en marcos pequeños de plata. Y al igual que la otra fotografía están en blanco y n***o. Hay otra fotografía como de un tamaño medio. En la mano de una mujer. Que está siendo besada por un hombro. En su cuarto dedo lleva un hermoso anillo que ella le pareció haberlo visto en otro lugar – Son mi padre y mi madre – >  – bueno Adriana y mi padre. La fotografía tiene el tiempo que llevan ellos de casados. Papa el tomo el día en que le pidió matrimonio – es preciosa. ¿Te gusta la fotografía? – sí. Soy un aficionado. Un amigo de mi padre. Es fotógrafo. Le enseño algunas técnicas a papa y otras a Theo y a mí – ¿Tomaste tú las fotografías de tu habitación? – sí. Yo las tome. La modelo es una amiga que conocí en la universidad. Ella estudiaba arte – Ella sabía que Theo le gustaba tomar fotografías. Tenía muchas de las chicas posando para él. Desnudas. Al igual que los chicos. Tenía también de ella. Pero no desnuda. Mel era demasiado retraída como para posar desnuda. Pero Theo siempre la capturaba en momentos de improviso. Como una vez que jugaba con una mariposa. Theo había capturado el momento. Esa se había convertido en su fotografía favorita – son… son bonitas – son eróticas Melanie. ¿Te ha incomodado verlas en mi habitación? – no... Solo me sorprendió un poco ¿eres tú el de las fotos? – sí. No suelo posar. No me gusta. Pero mi amiga insistió diciendo que me veía bien – > – te ves muy bien – ¿ahora o en la fotografía? – Melanie miro a Felipe de arriba abajo. Lleva puesto un traje n***o de tres piezas. Y una pajarita negra también. Se ha afeitado. Y lleva el cabello muy bien peinado. Su perfume como siempre la altera en buena forma. El huele una brisa de verano mezclado con mirra – Siempre – respondió con pena. El timbre sonó para sacarla de la acalorada situación – Debe ser Alissa – dice señalando la puerta. Felipe camina a la puerta y una voz femenina suena – Señor Beaumont de verdad siento mucho lo de su padre – muchas gracias Alissa. Pasa por favor – al instante aparece Felipe con una hermosa mujer a su lado. Lleva y hermoso y sensual vestido n***o. Va muy bien maquillada y ni hablar de los tacones > – Alissa ella es la señorita  Melanie Scott – dice presentándola – Melanie ella es Alissa mi asistente – un gusto señorita Scott. Soy Alissa García – el gusto es mio y soy Mel – le sonrió Mel con dulzura – Señor Beaumont aquí están las cosas que me pidió – dice la chica alzando las bolsas – Muchas gracias Alissa – dice tomándolas – te acompaño a la puerta – un gusto señorita. Mel – Lo mismo – ambos se van y Mel mira las bolsas con la curiosidad por saber qué tipo de ropa hay en ella – Puedes cambiarte en mi habitación si quieres – dice Felipe ofreciéndole las bolsas – claro – Mel toma las bolsas y camina hasta el cuarto. Al llegar deja las bolsas en la cama. Muerde su labio inferior mirando las bolsas. Decide abrir la primera y se encuentra con un vestido n***o con el cuello y el borde de las mangas en blanco. > en la segunda bolsa hay unas bailarinas negras. Y en la tercera lencería. Sus ojos se abren como platos al ver un sujetador de media copa color n***o y unas bragas a juego > >  entra al baño para cambiarse deja las cosas sobre la porcelana. Se quito la camisa de Felipe y la dejo caer en el piso. Se cambio rápidamente y se miro al espejo. Se tejió el cabello. Y unos mechones cayeron en su rostro. Aliso su vestido con las manos antes de salir. Camina hasta la sala y Felipe está sentado en uno de los muebles con las piernas cruzadas. Mel mantiene la mirada en el piso. Admirando los lindos zapatos que lleva puestos. Son de piel y llevan un lindo lazo en frente > – ¿lista? – sí. Gracias por la ropa está muy bonita – no es nada. Y no es la ropa la bonita. Tú la haces lucir bonita – Gracias – dice Mel ruborizándose y llevándose un mechón de cabello detrás de la oreja – ¿vamos? – sí. Si – Felipe hizo una señal para que ella siguiera delante de él. Al llegara al estacionamiento. Mel ve el auto de Felipe pero se detiene a esperar que el indique que puede subir – iremos en el jaguar – Dice señalando al jaguar F-Pace n***o que está estacionado al lado del  mercedes-Benz e-class blanco. Aprieta el control del auto y las luces se encienden y se quitan los seguros – Permíteme – dice Felipe pasando en frente de ella para abrirle la puerta – Gracias – Mel sube se coloca el cinturón sin dejar de mirar hacia abajo – Melanie estas bien. Te gusto la ropa – si me gusto la ropa. Alissa tiene buen gusto. Y no estoy bien. Tu padre acaba de morir – papa tenía un tumor cerebral y nunca nos dijo nada. Vivo casi dos años en Londres recibiendo tratamiento – Theo me dijo que tuvo un derrame cerebral. Que gritaba mucho. Y mi mente no deja de decirme una y otra vez que sufrió. Y que yo no estaba ahí. Que hui como siempre. Como la cobarde que soy – ¡no eres ninguna cobarde! Y de haber estado aquí no estaba en tus manos evitar que sufriera – es… es solo que tu papa. Era maravilloso. Cuando mi padre me abandono. El estuvo para mí. Hizo cosas por mí que nadie ha hecho – las lagrimas salieron nuevamente. Cedric  Beaumont había ayudado a Mel cuando ella más lo necesito. Ese día cuando su madre. La convirtió en una tonta pusilánime. El había salido en su rescate. La había salvado de ella – papa siempre hablaba de ti. Eres como la hija que siempre quiso tener – ¿él hablaba de mí? – sí. Así fue como te conocí. Cada vacación que Theo y papa iban a Burfod. Hablaban de una hermosa chica de cabello largo y ojos marrones. Inteligente y dulce. Theo te presumía como si fueras la joya de la corona – no… no sabía que hablaban de mí. Me invitaron varias veces a Inglaterra. Pero mi madre nunca me  dejo – nunca he visto a tu madre – es porque nunca esta. Yo tampoco la veo mucho ¿y tu madre como era? – el  cuerpo de Felipe se tensó y apretó con fuerza el volante. Su madre es un tema que no le gusta tocar – ella se fue cuando tenía cuatro años. Y como ya te dije Adriana a cuidado de mí desde que tenía cinco. Ella es mi madre – dijo en tono brusco. Mel asintió y continúo el resto del camino en silencio. Le impresionaba saber que el señor Beaumont hablara de ella. Theo lo hacía todo el tiempo. No solo con ella sino con todos los chicos. Las veces que viajaron a Inglaterra de vacaciones todos iban menos ella. Su madre nunca la dejaba. Diciéndole que no recibiría  limosnas de nadie. Si ella no podía pagarle unas vacaciones a Inglaterra nadie más lo haría. Los chicos se negaban a ir sin ella. Pero Mel los convencía diciendo que no podían dejar de conocer lugares maravillosos por ella. Que no podían dejar de vivir esos momentos solo por el simple hecho de que ella no podía vivirlos con ella. Los acompañaba al aeropuerto. Y esperaba a que se fueran. Conteniendo las lágrimas. Al regresar a casa en bus o a veces a pie desde el aeropuerto. Por no tener dinero para tomar un taxi. Se encerraba en su cuarto. De paredes color verde ya desgastado. Se tiraba en su pequeña cama de madera. Que ya la polilla se estaba comiendo. No tenía libros para leer. Theo era quien se los prestaba. Y le apenaba decirle que le dejara libros para leer. Mientras el no estuviera. Así que solo cerraba sus ojos y se imaginaba. Caminando por las calles del hermoso pueblo de Burfod. O parada frente al gran reloj de Londres el Big Beng. Y entre lágrimas se quedaba dormida soñando con algún día ir a esos lugares. Pensando en que tal vez si padre estuviera la hubiera dejado ir con los chicos. O no serian tan pobres y pudiera pagarle un viaje a Inglaterra. Si él estuviera tal vez su madre no hubiera sido tan dura con ella. No hubiera tenido que idealizarlo en otro hombre.                      
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