Me puse un pantalón largo y una blusa suelta. No quería mostrar nada. No quería darles ningún motivo más. Mi cuerpo ya había sido blanco de burlas, de miradas, de comentarios disfrazados de interés que solo eran veneno. Dejé mi cabello suelto, como escudo. Me maquillé apenas, lo justo para no parecer una sombra. Me miré en el espejo una última vez, suspiré, y salí de la habitación. Y ahí estaba Brian. Apoyado contra la pared, como si esperarme fuera parte de su rutina. Me tensé. Ya conocía esa mirada suya. Esa mezcla asquerosa de deseo y arrogancia que me helaba la sangre. —¿Y tus faldas cortas? —dijo con su sonrisa torcida—. Aunque ese pantalón no está nada mal… te deja un buen culo. Iba a contestarle, pero la voz chillona de Nancy bajando las escaleras me interrumpió. —¿Otra vez co

