ENCUENTRO INESPERADO:

1710 Palabras
═══════ •☎️• ════════ Farrell había visto el comportamiento de aquellos buenos para nada, ser solo un espectador hizo que casi se le partieran los dientes de tanto apretar la mandíbula, por el esfuerzo de controlarse, y no molerles el mismo a puños. Desde su lugar observó como la primera chica que los atendía, fue golpeada de manera deliberada por aquellos infelices, y pretendían hacer lo mismo con Ariel. Sonrió al recordar como la había luchado contra ellos. Sin embargo, eran mujeres. No debían ser tratadas de esa forma, sino al contrario. Debían ser cuidadas, protegidas, queridas y sobre todos respetadas. Steve se había encargado de todo, de llamar a los hombres de seguridad y también de darles afuera su merecido. Con qué ganas hubiera querido participar, pero su convalecencia no se lo permitía. Ya que todavía tenía hasta la semana siguiente, tenía que usar un cabestrillo inmovilizador, esa noche estaba limitado. Su intención de ir al club, era simplemente porque Ariel se había negado a hablar con él, y su curiosidad era más grande que su sentido común. Eso y sus ganas de conocerla, pues el sonido de su voz no podía sacarlo de su cabeza. En ese instante se encontraba en el asiento trasero de su auto, esperando a que saliera de una vez por todas de aquel antro. Steve había hecho su tarea, un día antes le había entregado un dosier con toda la información sobre ella. ¿Cuáles eran sus planes con Ariel? Ni él mismo lo sabía, pero la necesidad de tenerla a su alrededor, y protegerla lo tenía confundido. Se decía una y otra vez que era porque sabía que estaba sola, y que se identificaba con ella. Dio una larga respiración cuando la vio salir por donde él había supuesto, la entrada principal. Se despidió de todos con una abrazo y un beso en la mejilla. No entendía el porqué tanta efusividad le molestó. Sobre todo cuando sonrió con camaradería a uno de los porteros cuando le dijo algo en el oído. Steve esperó a que avanzara hasta la esquina, se detuvo delante de ella. Haciéndola saltar del susto cuando detuvo el vehículo. Abrió la puerta del conductor, y caminó hacia ella rápidamente. —Señorita, Ariel… —¡Oh, por Dios! —exclamó ella poniéndose la mano sobre el pecho. —No fue mi intención asustarla —Steve se disculpó. —¿Qué quiere ahora? —preguntó de manera exasperada, pero siguió con su camino. —Primero saber si se encuentra usted bien —le hizo gesto. —Estuvo ahí, vio todo —manifestó hablándole por encima del hombro, sin detenerse porque el frío la congelara, dio dos pasos más alejándose de él. —Segundo… —él le dijo en voz alta—. El señor O’Donnell insiste en hablar con usted. Ariel se detuvo abruptamente, el corazón comenzó a latirle rápidamente al mencionar el apellido del hombre que la ponía un poco ansiosa —Ya le dije lo que pienso al respecto del señor O’Donnell. —¿Qué tiene los dientes completos? —se escuchó una voz. Steve miró a Farrell como si estuviera perdiendo de algo, era obvio que no entendía lo de los dientes. Pero caminó hacia donde ellos se encontraban, sin hacer caso a la maldición que masculló su amigo. Iba todo lo rápido que su condición física lo permitía. —Hola, Ariel —la saludó con una sonrisa. Ella parpadeó un par de veces por el asombro, jamás se imaginó de que su deseo de que el mismo Farrell O’Donnell la buscara se hiciera realidad. Mucho menos esa noche tan desastrosa para ella. Al darse cuenta de que Ariel no decía nada, dio dos pasos más hasta donde se encontraba. —¿Me permites un momento? —preguntó con voz suave. —Sí, por supuesto —Ariel se aclaró la garganta, cómo le negaba algo con aquella voz. —¿Me acompañarías? —Farrell le hizo señas al vehículo, y para que se sintiera más en confianza agregó: —Son más de las once de la noche, y el frío comienza a ser insoportable. Ariel sentía que todavía la adrenalina del episodio que había tenido en el club, todavía estaba en su sistema, y a eso tenía que sumarle su nerviosismo de tener a Farrel en frente. Una parte quería ir con él y la otra salir corriendo. Era mucho más alto, y más joven de lo que esperaba, pues las fotos no le hacían justicia. Quizá era la ropa que llevaba puesta, unos jeans oscuros de cintura baja, una camisa blanca manga corta, en el brazo se veía el cabestrillo. Una chaqueta de cuero de color marrón puesta por encima de sus hombros y botas al estilo Caterpillar. Con una barba incipiente que resaltaba su virilidad acompañada con la exquisita fragancia de su perfume. En ese momento no parecía el exitoso empresario que había tenido un accidente meses atrás, sino un modelo de una de las prestigiosas marcas de moda. «¡¿Por qué este hombre está tan buenorro?!» «¡¿Por qué soy tan débil?!» Sin embargo; no sabía si subir con él al auto, porque se sentía un poco intimidada. Sin darse en que momento, el conductor se había acercado. —¿Vienes conmigo? —Él mismo le abrió la puerta, y con una sonrisa inquirió: —Te lo juro que estoy comenzando a sentir frío. Ella dio una respiración profunda, y subió. Sintió como su corazón se aceleró, en el minuto en que Farrell cerró la puerta, y el oxígeno se redujo lo mismo que el espacio entre ellos, y el olor de su perfume la inundo. —¿A dónde iremos? —quiso saber, mirando a todos lados, en el segundo que escuchó, activarse el seguro de las puertas, y subir el vidrio que los separaba, dándoles más privacidad. —A un lugar en donde pueda pasar el mal rato —Farrell chasqueó los dientes, todavía un poco disgustado por lo ocurrido minutos atrás. —La verdad no es necesario… Ariel pensaba que tenía que salir de ahí rápidamente, porque la cercanía la afectaba. —Luego de eso, prometo llevarla a casa. Ariel no tenía opción, y la verdad era que también sentía curiosidad por saber qué era aquello tan importante que le tenía que decir. Que hizo que se apareciera en su lugar de trabajo. Al pasar por un establecimiento en donde vendían hamburguesas, el estómago de la chica sonó estrepitosamente. —Paremos aquí —ordenó Farrell a Steve, apretando un botón, y bajando el vidrio. Su hombre de confianza lo miró frunciendo el ceño a través del espejo retrovisor, puesto que no era común que hiciera ese tipo de cosas. —¿Está seguro? —quiso saber ella, pero cuando iba a decir algo más su estómago volvió a rugir. —Vamos a alimentarte —soltó él con una risita. Ariel sintió que el aire le faltaba, puesto que todo en el hombre era sexy. Sacudió la cabeza pensando en que si Farrell fuera su novio, no sabría cómo comportarse, puesto los celos pasarían por encima de su razonamiento. Farrell puso cara de asombro cuando pusieron un pie en el local, estaba prácticamente lleno. A pesar de que eran casi las once y treinta de la noche. El ambiente era completamente relajado y casual, cosa que él agradeció. Le gustó que la temática de la decoración era de los años cincuenta, que asumió era la data de su apertura. Sin embargo, el estilo moderno estaba presente. Una camarera con rasgos latinos les hizo una seña, para una mesa, que estaba muy cerca de la barra, algunas personas los rozaban, pero era por el momento el único lugar disponible. Al sentarse se le acercó de manera tímida, y dudosa, les entregó el menú. —No te preocupes, danos la mejor hamburguesa que tengas, con muchas papas fritas y dos cervezas —pidió Farrell. Ambos notaron como la chica soltó el aire y se relajó, les sonrió y tomó nota de su pedido. —Enseguida se lo traigo —les informó muy animada. Aquel gesto sumó puntos a lo que Ariel pensaba de Farrell. —Le hizo la noche a la chica —Ariel dijo con una sonrisa. —¿Por qué lo dices? —Muchas veces las personas no son tolerantes con las personas extranjeras—ella chasqueó los dientes. Tuvo que girar el rostro a un lado, porque le escuchó mascullar a Farrell una maldición. —¿Duele? —sin pedirle permiso acarició su mejilla—. Está comenzando a hincharse. Ariel dio un suspiro, cerró y se puso la mano sobre la de él. Aquel gesto espontáneo hizo que saltaran chispas entre ellos. —Me gustaría que te viera un médico —la voz de Farrell era un poco más grave. Ella abrió de golpe los ojos, y se aclaró la garganta. No podía permitir que las fantasías que tenía con el hombre que estaba sentado de frente, salieran a la luz pública. . —No, cuando llegue a casa me ocuparé de esto —le hizo una mueca de dolor. Durante unos segundos se quedaron mirando fijamente el uno al otro, todavía Farrell no había retirado la mano de su rostro. Qué tenía la chica, que hacía que su instinto protector se hiciera más fuerte y al mismo tiempo que lo disfrutaba. —No estoy de acuerdo —le dijo él, retirando la mano sobre su rostro al darse cuenta de que todavía tenía la mano en su mejilla. —Debe mejorar para el lunes —susurró Ariel—, ahora debo encontrar un empleo. Eso le dio un golpe a la realidad y le recordó a Farrell el porqué la había estado buscando. —¿Qué pasó en tu trabajo después del accidente? —Aunque ya lo sabía, quería escucharlo de sus propios labios. —Nada —se encogió de hombros—, fui despedida por ayudar a alguien que estaba en peligro —negó con la cabeza—. No importaba si era el mismo presidente de Estados Unidos de Norteamérica, simplemente ellos alegan que tomé atribuciones que no me correspondían, y pude haber puesto en peligro a la empresa por mi impulso deliberado.
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