Amelia se encontraba en su cuarto llorando. No quiso salir de la habitación alegando un posible resfriado. Lloró tanto que se quedó dormida; su madre sólo alcanzó a entrar y arroparla.
Raúl salió a vender las galletas de su madre como siempre. El día sábado no lo hizo porque los ingredientes los había traído tarde. Su madre no disfrutaba molestarlo, por ese motivo a veces no le decía cuando se acababa algo si él no preguntaba o lo notaba.
Después de caminar por varias casas, fue hasta la de Amelia. Soltó un suspiro pesado y tocó el timbre. Estaba tan nervioso, no sabía cómo la iba a mirar a partir de ahora. Y no imaginaba cómo ella lo iba a mirar a él.
Sintió un alivio cuando la señora Katrina abrió la puerta. En parte lo tranquilizó.
__ Buenos días Raúl ¿Cómo te va?
__ Ando un poco engripado, señora Katrina. ¿Cómo está todo?
__ Ah ya veo, Amelia anda igual. No ha salido de la habitación ni ha querido comer. ¿Vendrás más tarde a cortar el césped? Talvez se sienta mejor si sabe que estás aquí.
__ La verdad es que... - se sentía apenado de mentirle - me siento un poco mal. Sólo salí a vender las galletas porque mi madre las había hecho, de lo contrario seguiría en cama.
__ En ese caso - sonrió - ¿Cuántas galletas te faltan por vender?
__ Sólo seis cajas, señora Katrina. Gracias a Dios vendí la gran mayoría.
__ En ese caso yo te las compro, espera aquí.
La señora Katrina se adentró en la casa dejando a Raúl en el umbral, para regresar con diez dólares.
__ Toma - le tendió el billete - conserva el cambio.
__ Es usted muy amable - dijo el chico dándole las seis cajas - de verdad gracias. Con respecto a lo del césped, le recomendaré a un vecino. Yo no podré seguir viniendo porque estoy muy ocupado con la tesis - mintió.
__ Oh - dijo la señora Katrina - bueno me alegra que te enfoques en tus estudios. Confío en que la persona que me envíes sea igual de responsable que tú. Toma esto - le dió unas bolsas de té - eso te curará pronto. Que te mejores.
Raúl le esbozó una sonrisa y se dirigió a su casa.
Pasó una semana y su período falló. No le dio demasiada importancia porque solía tener retrasos por su problema endocrino. Pero al mes de lo sucedido se comenzó a preocupar y le pidió a su mejor amiga que la ayudara.
__ ¿Estás segura que esto es necesario? - dijo Amelia al ver las tres pruebas de embarazo.
__ Por supuesto, así sales de dudas.
Estaban en su casa, sus padres estaban fuera de nuevo. Se metió al baño y siguió las indicaciones, colocando un poco de orina en cada una. Ahora sólo restaba esperar, en cinco minutos sabría el resultado.
Amelia le había contado a su amiga que tuvo sexo con un chico, pero no le dio detalles, no le dijo las circunstancias en las que había ocurrido ni de quién se trataba. Se sentía demasiado avergonzada para contárselo a alguien.
__ Natalia, ven a ver.
Natalia se acercó y tomó la primera prueba. El resultado: dos rayitas color rojo pálido. Tomó la segunda: dos rayitas color rojo pálido. La tercera: dos rayitas color rojo pálido. No habían dudas, tres de tres.
__ Natalia dime - dijo Amelia a punto de desmayarse.
__ Lo siento Amelia - dijo Natalia mostrándole las pruebas.
Se sintió mareada. Sus sentimientos eran encontrados, estaba muy joven para ser madre, y no era la idea en la que consideraba traer un bebé al mundo. Pero a la vez se sentía confundida por el sentimiento que le produjo el estar con Raúl. A pesar de lo salvaje de su encuentro, no era como los besos de Kyle. Él logró producirle una electricidad por todo su cuerpo.
Le dio la oportunidad de resistirse y no lo hizo, porque en el fondo lo deseaba como él a ella. No era lo que habría querido, pero al menos su primera vez fue con alguien que le gustaba y no con cualquier chico. Sólo no se explicaba de dónde había salido aquel temperamento. Es cierto que ella lo provocó y se pasó de la línea, pero él fue un total salvaje. Y ahora llevaba en su vientre una vida concebida de una forma inesperada.
__ ¿Qué piensas hacer ahora?
__ No lo sé. Cómo le diré a mis padres... - dijo consternada - van a matarme.
__ ¿Le dirás al chico con el que estuviste? No deberías cargar con eso tú sola.
__ Ya te dije que fue algo casual, no tiene caso - dijo exasperada - ya no lo menciones más, Nat. Mejor ayúdame a ver qué me invento.
Natalia se quedó en silencio unos segundos. Luego volvió en sí con una idea.
__ Diles que abusaron de tí y listo. Cuando te pregunten por el atacante, sólo di que no sabes, porque te drogaron. Problema resuelto.
__ ¿Estás loca? - dijo espantada - tendría que admitir que me escapé a aquella fiesta hace un mes cuando estaban fuera de la ciudad.
__ Amelia - bufó su amiga - es exactamente lo que hiciste. Perdóname que te lo diga, pero no debiste haberlo hecho.
__ ¡No tenía opción! - gritó exasperada - tenía que hacerlo, demonios. Lesly me vio...
__ Hay algo que no me estás diciendo - alzó una ceja - si no confías en mí no puedo serte de mucha ayuda.
__ Lo eres, gracias por apoyarme en este momento. Prometo que te lo contaré, pero no ahora. ¿De acuerdo?
__ De acuerdo. Sabes que soy tu amiga y no voy a juzgarte. Siéntete libre de hablar conmigo cuando te sientas mejor. ¿Quieres que me quede contigo mientras hablas con tus papás?
__ No Nat, vete tranquila. Sé que tienes cosas que hacer, estaré bien. Salúdame a tus padres y a Tomás.
Natalia se marchó y los papás de Amelia llegaron esa tarde. Les dijo que después de comer los vería en la sala, tenía algo muy importante que decirles.