__ Hija, tenemos que irnos. Empaca lo más esencial, tu padre viene en camino.
__ Cómo que irnos. ¿Irnos a dónde?
La señora Katrina Vargas era la esposa del señor Sergio y madre de Amelia. Era unos años más joven que su esposo, quién tomaba las decisiones de la familia. Su matrimonio fue un acuerdo de los padres de ambos; ella estaba enamorada del hijo de su nana. Al descubrirse su romance y posible huída, sus padres convinieron casarla con Sergio Valverde, un soltero cotizado de buena familia. Él fue al principio comprensivo, pero su paciencia se agotó rápidamente. Amelia fue concebida a la fuerza, ya que el padre de Sergio iba a heredar a su nieto en vida y lo estaba presionando. Katrina siempre fue sumisa ante su esposo, nunca le cuestionó ninguna de sus decisiones.
__ Amelia por favor, has lo que te digo. Si tu padre llega y no estamos listas, se va a enojar. Y no uses el celular, será mejor que lo apagues.
__ Pero... ¿Porqué?
__ No lo sé, hija - dijo exasperada - has lo que te digo y apresúrate - dijo saliendo de la habitación.
Amelia puso los ojos en blanco, bufó y tomó unas maletas del armario. Las abrió y comenzó a meter todo lo que consideraba esencial para ella, incluyendo el vestido azul que le había elegido su amiga.
Su madre estaba en su habitación haciendo lo mismo. Su esposo la había llamado y había sido claro con la orden. No hubo momento de preguntar los motivos, sólo le quedó obedecer. Esta vez su tono no era tan autoritario. Su voz era titubeante y eso le preocupó.
Media hora antes, Sergio se encontraba revisando su oficina para tomar lo que considerase necesario. De un librero que estaba al fondo, sacó un libro y debajo de él sacó un pequeño dispositivo usb. En vista de lo peligroso que se había vuelto su trabajo desde que obtuvo el cargo de CEO, decidió instalar una cámara oculta en su oficina.
Llamó a uno de los mensajeros, le dio un sobre amarillo grande y le dio instrucciones de que se lo entregara a un sujeto en el Scramber Café bajo la palabra clave "verde está el pasto".
Volvió a su asiento, sacó un pañuelo de su saco y se secó la frente. Lo guardó y se desabotonó la corbata, también algunos botones de la camisa. Se arrancó el micrófono que tenía pegado en el pecho y lo tiró a la basura. Metió la mano nuevamente en su saco y se sacó un puro, lo encendió y comenzó a fumar, para tratar de calmarse de lo ocurrido minutos antes.
Flash Back
__ Señor Valverde, el señor Volkov se encuentra esperando. Tiene agendada una cita para hoy - dijo su secretaria por el teléfono.
__ Hágalo pasar por favor - respondió él. Se pasó la mano por el cabello n***o con algunas canas para peinarse. Se alisó el traje con las manos y tomó una postura confiada y amable.
__ Buenos días señor Volkov, por favor siéntese - le ofreció - ¿En qué puedo ayudarlo?
El señor Edgar Volkov era un ruso residenciado en Estados Unidos, el cual tenía fama de estar ligado a negocios sucios, pero no habían podido probarle nada. A pesar de que habían levantado sobre él un par de alertas ámbar por trata de blancas, lo sacaron del sistema por no tener pruebas de sus delitos.
__ Seré breve, señor Valverde. Necesito aperturar una cuenta para poder comprar una propiedad que me gustó mucho. He intentado comprarla en efectivo y ellos insisten en que les dé un cheque.
__ Ya veo, señor Volkov. Por favor llene éstas formas, tráigame los papeles cuanto antes y en dos semanas le avisaré. Haré que mi gente revise y...
__ Usted no me ha entendido - dijo el hombre levantándose y tomando al señor Sergio por la corbata - no tengo tiempo para esas tonterías. Tengo dos docenas de chicas para mi nuevo burdel y necesito esa propiedad ya. Sé donde hallar a su familia. Sé que tiene una hermosa hija - le dijo al oído - y sería una pena tener que reclutarla. ¿Sabe por qué?
__ ¿Por qué? - dijo el señor Sergio con un nudo en la garganta, temiendo la respuesta del hombre.
__ Porque yo las estreno a todas primero. Así que por su propio bien, necesito esa cuenta ahora.
El señor Sergio temblaba. Se preguntaba cómo se dejó convencer por la policía de hacer esto. No podía perder la calma, él y su familia corrían peligro.
__ Eso es mucho papeleo el aperturar una cuenta con tanto dinero. Deme chance hasta mañana - dijo tratando de parecer calmado.
__ Tiene veinticuatro horas, señor Valverde. Tic tac, tic tac - dijo y sonrió perversamente - sé que hará lo más conveniente y burlará la burocracia.
El señor Volkov salió de la oficina y el señor Sergio soltó un suspiro pesado. Se levantó hacia su licorera, tomó un vaso y se sirvió un trago de whisky escocés. Se lo tomó de un sorbo y se sirvió otro. Respiró un poco y llamó a su esposa.
__ Diga - dijo ella del otro lado de la línea.
__ Soy yo, bonita. Escucha, no tengo tiempo de explicar. Necesito que empaques unas maletas para ti y para mí con las cosas que consideres importantes, dile a Amelia que haga lo mismo.
__ Pero Sergio ¿Qué ocurre?
__ Cariño, has lo que te digo. Por favor... - dijo lo último en una súplica, lo cual la sorprendió - estaré allí pronto. Tenemos que irnos cuanto antes. Tú y Amelia son todo para mí y debo protegerlas a toda costa.
__ Sergio, me estás asustando - dijo su esposa.
__ Tranquila bonita, primero pasarán por mi cadáver antes de dejar que algo les pase. Presta atención a lo siguiente: apaguen los celulares y desconecta los teléfonos de la casa. No usen los teléfonos, díselo a Amelia también.
Fin del Flash Back
Tomó una caja, salió de su oficina y se dirigió al estacionamiento. Entró a su auto y se dirigió a su casa. Mientras conducía, llamó a una inmobiliaria con la que había hablado previamente y lo apagó.