BAILEMOS JUNTOS (PARTE III.I) ARIADNA. El dolor es desgarrador. Nunca imaginé que pudiera doler de esa manera, pero acá estaba sufriendo como una condenada por dejar de ser una señorita y convertirme en mujer. Siento como mi interior se abre y créanme que duele. La presión hace que esas puntadas se vuelvan insoportables, pero no quiero que se detenga, confío en él y sé que ya pasará el dolor. - ¡Ay! – me quejo en el momento en el que la presión me desgarra, pero aún falta. - ¡me duele! – grito y él se detiene. - ¿quieres que pare? – me pregunta y niego sin contestar. – Ariadna, no te sientas obligada . . . – y otra vez con lo mismo. No suelo ser amable cuando tengo que repetir las cosas. - ¡SÉ LO QUE DIGO! – él ríe y creo que lo ha tomado bien, me

