Había pasado ya tantos días sin tener aquella horrible pesadilla, que Beatrice se había sentido con la suficiente libertad para creer que se había librado de ella. Quizá por la felicidad que le causaba el saberse secretamente casada con Amadi, su cabeza le había concedido unos cuantos días de descanso, de paz y confort...pero todo eso acabó cuando, un día antes del baile en la hacienda de los Winter, el dichoso sueño volvió, con nuevos detalles y mucho más terrible que nunca. Algo que parecía no cambiar nunca en él, era el inicio. Siempre empezaba de la misma manera: con Beatrice acostada en su cama, en medio de un bosque desconocido que, de tantas veces que lo había visto ya en el sueño, hasta se le empezaba a hacer familiar. Como siempre hacía, ella se levantaba, y en cuanto sus pies d

