Una semana después, como le había dicho Fernanda, le llego por correo la notificación de residencia provisional. Fue a que le sellaran el pasaporte. El sello valía por un año, y sería la prueba de que estaba en el país legalmente. Esa noche, cuando Rafael llego a casa, le preparó su cena preferida: chuletas de cordero y patatas nuevas. Le contó las buenas noticias. En honor a la ocasión, abrió una cara botella de champán que guardaba. Cenaron y él le dijo lo feliz que se sintió por ella. Ella también trato de ser feliz. Vieron un rato televisión y se fueron a la habitación a las diez. Él le agarro una mano mientras estaban de pie al lado de la cama y la atrajo hacia él. Se besaron tiernamente. Cuando él levanto la cabeza y el dedico una sonrisa, ella lo miro y deseo que lo suyo no termi

