CAPÍTULO IV-5

2033 Mots

Después volvieron al cuartel. Los oficiales habían salido. Reaparecieron y declararon que, evidentemente, la elección de las armas correspondía al señor H. Todos regresaron a casa de Cisy. Regimbart y Dussardier se quedaron en la acera. El vizconde, al conocer el resultado de la consulta, fue presa de tal desconcierto que hubo que repetírselo varias veces; y cuando el señor Comaing llegó a las pretensiones de Regimbart, murmuró «sin embargo», pues en el fondo no estaba lejos de aceptarlas. Después se dejó caer en un sillón y declaró que no se batiría. —¡Eh! ¡Cómo! —dijo el barón. Entonces Cisy se dejó llevar de una verborrea desordenada. Quería batirse con trabuco naranjero, a quemarropa, con una sola pistola. —O si no, arsénico en un vaso, que sería sorteado. ¡Eso se hace a veces; lo

Lecture gratuite pour les nouveaux utilisateurs
Scanner pour télécharger l’application
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Écrivain
  • chap_listCatalogue
  • likeAJOUTER