CAPÍTULO IV-7

2506 Mots

—¡Qué guapo es! La señora Dambreuse se volvió hacia él: —Déme el abanico que está sobre aquella consola. Se equivoca; el otro. Ella se levantó; y cuando él volvía, se encontraron en medio del salón, frente a frente; le dirigió algunas palabras, vivamente, sin duda haciéndole algún reproche, a juzgar por la expresión altanera de su cara; Martinon intentaba sonreír; después fue a mezclarse en el conciliábulo de los hombres serios. La señora Dambrese volvió a su sitio, y, apoyándose en el brazo de su sillón, dijo a Frédéric: —Anteayer vi a alguien que me habló de usted, el señor de Cisy; usted lo conoce, ¿verdad? —Sí… un poco. De pronto, la señora Dambreuse exclamó: —¡Duquesa!, ¡ah, qué alegría! Y se fue hasta la puerta por delante de una señora viejecita que llevaba un vestido de taf

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