17Intentó regresar al estudio andando en medio de la noche. La ruta fue mucho más larga. Llegó tan cansado a los caminos sin iluminación eléctrica que esta vez no tuvo miedo. Dio un paso. Luego otro. El aire de los árboles entró en sus pulmones como una resina espesa que lo despejaba. La herida en la mejilla le lanzaba pinchazos. c*n sus dedos la acarició : una boca pequeña, hinchada, que supuso rodeada de costras rojas y negras. Quizás no le quedasen marcas, o tal vez quedase una marca mínima que sólo podría ser visible para quien se aproximase a su rostro c*n extrema curiosidad. Pasó sus manos c*n delicadeza por la herida. Aún sentía en ellas la tibieza del agua de la fuente. Se sentía ágil, como si sus músculos fuesen de un metal noble y flexible, por eso no comprendió por qué tuvo
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