16Despertó c*n unas décimas de fiebre y se metió en bajo la ducha helada hasta que logró espantar esa sensacion de irrealidad que golpeaba su cabeza. Se secó vigorosamente c*n la tolla y se miró en el espejo : amarillo, huesudo, c*n una pequeña tripa que recordaba un balón de futbol cuando empieza a desinflarse. Nunca tendría la contundencia de su padre, su manera de engordar como un roble. Se tomó una taza de café sin azúcar. Miró el humo que se elevaba desde ella. Introdujo la mano en la gaveta del mueble. Sacó la Nona. “Voy a hacerlo hoy”, decidió, “si me reconoció o si fue solo una impresión da exactamente igual”. Hurgó dentro de sí mismo. Su odio era como una crema aceitosa : lenta, espesa. Le faltaba resolución y solidez. Al terminar de leer la novela de Highsmith y sentir el amo


