1La plaza se abrió a sus ojos : nítida, frágil en la luz sonrosada que parecía envolver los árboles. Bajo el chorro de la fuente habían colocado un envase de vidrio c*n cinco botellas de vino. Al mirarlas, Pablo sintió una embriagante sensación de frescura. Imaginó que se sentaba en una de las mesas y pedía que le sirviesen una de esas botellas ; imaginó que al beberla entera y c*n suma lentitud aquel color, aquella luminosidad sedosa, lo hacía leve como una pompa de jabón que descendía hacia el suelo empedrado. “Pero tengo que estar muy alerta, igual que un gato cuando escucha el aletear de pájaros que todavía no puede ver”. Semanas atrás le llegó el mensaje. “Quizás sabemos donde se encuentra ahora”. Pablo saltó de su silla. Luego respiró hondo e intentó serenarse. Se sintió ridículo. S


