10A media mañana se sentó en uno de los bancos del Cours Mirabeau. Miró un rato los coches que pasaban por el asfalto, la gente en las terrazas, el viento que acariciaba los plátanos y parecía un susurro de papeles. Caminó luego hacia una librería y después de vagar entre portadas repetidas e historias sobre conspiraciones para conquistar el mundo, se llevó la grata sopresa de encontrar una novela de Highsmith que desconocía por completo. La estuvo ojeando y pasó un rato hasta comprender que no podía parar de leerla. Sonreído, la revisó a conciencia, no fuese una de las invenciones de su amigo Rafael ; pero al mirar el prólogo recordó el dato sobre una novela de amor entre mujeres que Highsmith había publicado en 1951 c*n el seudónimo de Claire Morgan. Almorzó en un restaurante que consig


