13“Antes de que María Lionza reinase en la montaña de Sorte, los dioses y los espíritus viajaban por aquí en completo desorden. Iban de un lado a otro, indiferentes a las personas, confusos, aturdidos, como borrachos de beber tanto cocuy. Y en ese tiempo, el dios más grande y poderoso de Sorte era Don Juan de los Cerros, pero él era cruel, indolente. Sólo quería dormir y cuando se aburría lanzaba rayos sobre las casas de la gente, y obligaba a que le sacrificasen chivos, vacas, cerdos y gallinas porque le gustaba la sangre tibia y los músculos palpitantes. Cuando el deseo lo tomaba, se transformaba en cualquier animal o se cubría el cuerpo de hojas verdes y asaltaba a las mujeres que se atrevían a deambular solitarias por los caminos. Y después de romperles la ropa jadeaba sobre ellas, t


