CAPÍTULO DIECISÉIS Mackenzie decidió que, como solo eran las 8:05, no habría problema en hacerle una visita a Chino Castillo. Además, resultó que su casa se encontraba a mitad de camino en su regreso a comisaría, a unos treinta minutos de coche de Tidal Hills. La ciudad estaba casi completamente cubierta por la oscuridad de la noche cuando llegaron a su calle. No se trataba de un sector abandonado de la ciudad, pero no se acercaba ni de lejos a las mansiones lujosas que habían visto en el caso de los Carlson y los Springs. Cuando aparcó delante de la dirección que le había dado Samuel, divisaron a un hombre apostado en el lateral de la casa. Estaba agachado delante de una cortadora de césped, rascando la parte de abajo junto a la cuchilla. Estaba trabajando con la asistencia de la luz de


