Se puso de pie con mucha solemnidad al dar las seis y mencionó un capítulo de la nueva teología de Ligorio que tenía que aprenderse para recitárselo al día siguiente al padre Chélan. «Pues mi oficio —añadió con muy buen talante— consiste en oír las lecciones que me recitan y recitar yo otras.» Le rieron mucho la gracia y lo admiraron; tal es el ingenio que se usa en Verrières. Julien estaba ya de pie, todo el mundo se levantó pese a las normas de urbanidad; tal es el imperio del talento. La señora Valenod lo hizo quedarse un cuarto de hora más; tenía que oír a los niños decir el catecismo; cometieron equivocaciones graciosas a más no poder de las que solo se dio cuenta Julien. Se guardó muy mucho de hacerlas notar. «¡Qué ignorancia de los principios de la religión!», pensaba. Por fin se h


