CAPÍTULO VEINTIDÓS Sofía intentaba luchar contra los efectos del polvo que la bruja le había lanzado a la cara, haciendo retroceder la necesidad de quedarse quieta, de dormir, de quedarse allí mientras la mujer que llevaba el cuerpo de Catalina como un abrigo lo usara para asesinarla. Pero no importaba lo mucho que peleara, no era suficiente. No podía moverse, no podía gritar para pedir ayuda, no podía hacer nada que no fuera estar allí tumbada. —No tiene sentido intentar luchar —dijo Siobhan a través de la boca de Catalina. Sacó un botellín de algo que olía muy fuerte, rojo como la sangre, de modo que sus manos parecían las de un asesino cuando empezó a esparcírselo por ellas. Sacó un cuchillo con runas incrustadas e imágenes mágicas. —Esto se lo quité a Haxa cuando la maté —dijo Sio

