CAPÍTULO VEINTITRÉS Sebastián estaba sentado en la oscuridad y pensaba en Sofía. Por lo menos, intentando pensar en Sofía, pues ella parecía la única cosa buena de su vida. En un lugar como este, aferrarse a pensamientos de ella parecía la única manera de evitar volverse loco. Pero lo cierto era que era imposible no pensar en Angelica, en Ruperto, y en todo lo que podría estar sucediendo en el mundo mientras él estaba atrapado bajo la casa señorial de Ruperto. Todavía no podía creer que Angelica tuviera pensado casarse con su hermano. No debería haberle sorprendido; sabía lo ambiciosa que era Angelica, solo que él pensaba… ¿qué? ¿Que ella estaría contenta de que la hubiera abandonado? ¿Que no buscaría el poder que el matrimonio con Ruperto podría ofrecerle? Era un pensamiento ridículo, y

