Capítulo 3 La muchacha resultó tan imprevista a los ojos de Ricardo, que fue incapaz de arrojar sobre ella la luz de las facultades críticas. Su sonrisa le pareció cargada de promesas. No esperaba que fuera así. ¿Quién, que hubiera escuchado lo mismo que él, esperaría encontrarse a una muchacha como aquélla? Era un maldito milagro, se dijo a sí mismo, aunque con un matiz respetuoso. Ella no era bocado para tipos como aquel ginebrero pusilánime. Ricardo se encendía de indignación. El valor, la fuerza física de la joven, demostrada a costa del desconcierto masculino, reclamaban su simpatía. Se sintió atraído por aquel probado y sorprendente carácter. ¡Y en una muchacha, nada menos! Tenía un temperamento fuerte, y la reflexiva disposición a romper sus relaciones demostraba que no se trataba

