Capítulo 6 Quiso la suerte que Ricardo estuviera solo y ganduleando por la veranda de la antigua oficina. Olfateó enseguida la aparición de un nuevo acontecimiento y corrió a encontrarse con aquella especie de oso trotador. Los ruidos roncos y gruñidores que salieron de su boca, semejando remotamente el español, o cualquier otra de las lenguas humanas, fueron inteligibles gracias a la práctica asidua del secretario de Mr. Jones. Ricardo se quedó francamente sorprendido. Había supuesto que la chica seguiría escondida. Al parecer, se renunciaba a esa táctica. No desconfiaba de la joven. ¿Cómo podría hacerlo? Ni siquiera podía pensar en ella con cierto sosiego. Intentó apartar la imagen de la cabeza, de forma que pudiera atemperar el ingenio con la frialdad necesaria para garantizar el uso q

