CAPÍTULO VEINTICUATRO Godfrey estaba allí, rodeado en una habitación llena de soldados del Imperio, a la espera de que lo mataran cuando de repente se escuchó un cuerno, que hizo temblar la habitación. Venía de algún lugar en la distancia, insistente, sonaba una y otra vez, un sonido oscuro y que daba un mal presagio, algo que Godfrey jamás había escuchado y todos los soldados se dieron la vuelta a la vez y salieron corriendo de la habitación. Godfrey se quedó allí sudando, perplejo, mirando fijamente a una habitación vacía, donde solo estaban Akorth, Fulton, Merek y Ario, que estaban a su lado y el camarero, que estaba detrás de la barra. Godfrey se giró hacia los demás, todos lo miraban fijamente, igual de desconcertados. “Los cuernos de guerra”, explicó el camarero, dejando de hacer

