Valentina miraba con ternura a su hijo Octavio mientras lo sostenía en sus brazos, era un bebé hermoso, con ojos curiosos y una sonrisa encantadora, era la misma cara de Alexander, su padre, verlo a Octavio era mirar a Alexander de bebe. Desde el momento en que llegó al mundo, Valentina supo que su vida había cambiado para siempre. Se comprometió a criar a Octavio con amor incondicional y a brindarle todas las oportunidades que pudiera y llenar el vacío que su padre dejaba en él. A medida que Octavio crecía, demostraba una curiosidad insaciable por el mundo que lo rodeaba. Desde temprana edad, mostró un talento innato para la tecnología, pasando horas frente a la computadora de su familia, dejando que su imaginación volara sobre ese teclado con destreza y pasión frente al monitor, Val

