Logan
Caminé hasta mi oficina, la noche había sido muy larga. Es como si hubiera retrocedido en el tiempo unos cuantos años. Al llegar todos se ubicaron rápido en su puesto de trabajo, como si hubiese arribado un ogro, al primero que vi fue a Jacob, creo que ahora se convertirá en mi talón de Aquiles. Entro y al momento ingresa Eleonor, ella mantiene un perfil bajo, se ubica a una distancia prudente y luego comienza a leer los pendientes. Mi mirada está en ese hombre, ¿Qué puede tener él para que estén casados?
—Señor ¿Me escuchó? Le acabo de preguntar si la junta del viernes quedará agendada, o si desea que la cancele —ella dice, muevo mi cabeza dándole a entender que ese tipo de preguntas me molestan de sobre manera.
—Eleonor, creo que sabes mi respuesta. Las juntas no se cancelan, al menos que sea algo extraordinario —comenté sin mirarla.
Encendí la computadora y comencé a teclear. Subí mi mirada y ella seguía allí.
—¿Qué sucede? ¿Por qué no te has ido? —Levanté una ceja. Ella se puso nerviosa luego se sentó, creo que la rabia por como la grité ayer ya se le pasó. Y sí, claramente ella no tiene la culpa, pero es mi asistente y pues, debe aguantarlo.
—Señor lo que sucede es que, la señorita Ruby me dijo que el viernes va a anunciar su compromiso, por eso vine a preguntarle personalmente. Para evitar problemas con usted. —Chasquee con mi lengua—. Yo sabía la respuesta, aun cuando ella me dijo eso, solo que me dijo que sería su esposa y debía obedecerla.
—Eleonor no entiendo porque tienes que obedecer la, entiende que tú eres mi asistente no la de ella. Sé que la asistente que tenía se fue, pero le pedí que se apoyara con los de publicidad.
—Lo sé, pero ella llegó hoy dando algunas órdenes. ¿En verdad se va a comprometer? —Ella me mira con esos ojos, como si la estuviera regañando.
—Eleonor, eso la verdad no es del todo cierto, es algo que estamos viendo. Las personas podemos cambiar, adicional que ella no puede disponer de mi tiempo, solamente porque cree que nos vamos a comprometer, mi tiempo, mi agenda, solamente la puedes manejar tú. Eres la única mujer que tiene ese privilegio —dije, con una sonrisa falsa. Ella subió sus hombros y ladeo sus labios.
—Me siento privilegiada, sin embargo, creo que es necesario que haya contrataciones de asistente para ella, cada vez que hay entrevistas, —se queda en silencio—. Mire le voy a decir un secreto, —dejó de mirar la computadora para luego enfocarme solamente en ella—. Ella no quiere contratar a ninguna mujer bonita, ella teme que usted se pueda meter con alguna. La quiere más como yo. —Suelto una carcajada, una muy sonora carcajada.
—Tu eres bonita, solo que no quiero arruinar nuestra amistad, nuestro trabajo. Pero eres excepcional, perfecta, sexi. —Ella se sonroja—. También te voy a contar un secreto. —Suspiro, ella y mi amigo son los únicos que saben de mi vida, bueno a parte de Frank—. Lo de Ruby solo es por mi familia y mi abuelo, de resto no tiene nada que ver con amor o algo así, tu sabes más que nadie que yo no puedo volver a amar.
—Por la señorita Amelia. —Bajo mi cabeza—. Mire jefe, donde quiera que esté ella, espero y sea en el cielo; estoy segura que ella hubiese querido que usted sea feliz, que consiguiera una mujer que lo ame con la misma intensidad con la que ustedes se amaron.
—Eres buena, después te cuento otro secreto. —Le guiñé el ojo—. Por favor, no obedezcas a Ruby, yo le voy a conseguir la asistente, será una preciosidad como tu. —Ella se sonroja y comienza a echarse aire con la tabla que tiene en sus manos. —Ahora llámame a ese chico Jacob. —Ella asiente y está vez sale con una sonrisa.
Jamás me metería con ella, la quiero como a una hermana, también se que ella esta enamorada del idiota de Ryan. Solo que él es tan idiota que no la merece.
Me pongo de pie, voy hasta la licorera y sirvo una copa. Bebo despacio, él merece ser parte de mi equipo, adicional necesito tenerlo lo más cerca posible.
Giro mi cuerpo cuando escucho como dan unos pequeños toques en la puerta. Él viene con esa particular sonrisa, le hago señas con mi mano para que tome asiento.
—¿Cómo estás? —él se sienta y me estrecha su mano.
—Muy bien señor, antes que nada quiero agradecerle por la oportunidad que nos dio. Mi esposa está plenamente feliz. —Muevo mi corbata cuando escucho eso “mi esposa” hasta nauseas me dieron.
—No fue nada, lo hice porque me parece que es una forma de motivarte, adicional ella se lo merece. Es espectacular en lo que hace. —Me pongo de pie, él me sigue con la mirada—. Cuéntame, ¿Cuánto llevas con ella? Me encanta saber de mis colaboradores.
—Llevamos siete años, tenemos un hermoso hijo de cuatro años. Somos el uno para el otro, tenemos un amor infinito —dice y yo carraspeo con mi garganta.
Siete años… Siete años. Las fechas no coinciden.
—Que bueno, necesito que me hagas un informe sobre el jockey, ese lo vamos a publicar la siguiente semana, serás el responsable de esa nota. Así que confío en ti. —Él se levanta y se le forma una enorme sonrisa en su cara.
—Señor, usted se ha ganado el cielo conmigo, primero ayuda a mi esposa y luego me da una oportunidad que tanto esperé por muchos años, es más creo que el sueño de cuando decidí hacer esto en mi vida, ir a poder publicar en la revista tan importante como lo es está. —Observó como se levanta, para darme un abrazo.
—Bueno, espero que pueda entregarlo a más tardar en dos días, para poder hacer la revisión previa. ¿Está claro? —él asiente con un movimiento de su cabeza—. Ahora vuelve a tu puesto de trabajo, debo hacer algunas cosas. —Él sin pensarlo dos veces, dio media vuelta para caminar hasta su pequeño cubículo fuera de mi oficina.
Tomé mi abrigo, por lo visto él iba a estar muy ocupado, apenas para poder hacer algunas cosas que tenía pensado.
—Eleonor, cancele todo lo que tengo en la agenda por el día de hoy, por favor no quiero que nadie me moleste —le dije asomándome en la puerta, ella respondió de forma positiva y aproveché para salir.
Con un leve movimiento de cabeza, me despedí de todos. Frank me estaba esperando listo con el carro.
—¿Hacia dónde vamos señor? —pregunta con cordialidad, moviendo la puerta del carro.
—Vamos a la fundación, quiero ver como están los chicos.
Entró al carro, notando la sorpresa en sus ojos. Llegamos rápido, a esta hora el tránsito por las carreteras es muy suave. Al llegar, estaban la mayor parte de las personas practicando. Seguimos y nos sentamos en las gradas, en el lugar en donde pudiéramos tener una perfecta vista de cada persona. Y allí la vi, buscando la perfección de sus pasos, unas cuantas veces se cae, no me ha visto, analizo como ella junta sus cejas y se regaña. Sonrió al ver eso.
Acabo de darme cuenta de algo, ella se va a convertir en una obsesión para mí y estoy dispuesto a enfrentar el riesgo.
—Por favor averigua todo lo que tenga que ver con Mary Davis —le dije a Frank, él anotó algo en su libreta—. Quiero todo, si trabaja, sí estudia, donde vive, absolutamente todo. Coloca a alguien que la siga. Óyeme Frank, si ella está trabajando en algo, necesito que la corran y que no la contraten en ningún lado. Pero, antes de que suceda eso, me dices donde es, para yo verlo con mis propias manos ¿Está claro?
—Claro señor.
Mi vista era fija en ella, en cada cosa que hacía. Creo que ella se va a convertir en algo que no será fácil olvidar.