CAPÍTULO DIEZ De alguna manera, Mia se encontraba en la sala de maternidad, entre mujeres panzonas con todo tipo de expresiones. Ansiedad, pánico, alegría. Tal vez había buscado inconscientemente este departamento porque la sala se asociaba principalmente con sensaciones agradables. En todos los demás lugares había focos de muerte, enfermedad y malas noticias. Un transeúnte le entregó un folleto. «EL HUMO DE SEGUNDA MANO PROVOCA CÁNCER EN LOS NIÑOS». De acuerdo, quizá no todo era agradable allí. Mia empezó a desear que, por una vez, una de sus víctimas tuviera un pasado muy sucio. Había interrogado a unas 20 personas sobre sus relaciones con James Floyd y cada una de ellas lo había alabado hasta el cansancio. Según lo que podría decir, era un ángel con uniforme de médico, y ni una sola

