Lissa volvió a su silla, sus manos temblaban y tenía una extraña sensación, el tono de voz de Aron la había dejado intrigada e inquieta. Se regañó mentalmente, siempre anda tan despistada que no se dio cuenta de lo que había hecho.
Aron se sentía satisfecho, de alguna forma estaba haciendo sufrir a aquella chica que la noche anterior jugó con él, no le gustaba y tampoco estaba acostumbrado a que las personas lo tomaran como un simple juguete, para él eso era imperdonable.
Aron comenzó con su clase, les hablaba sobre algunas enfermedades, sus tratamientos y cosas que para Lissa en esos momentos era completamente abrumador, tal vez por ser precisamente él quien esté allí frente a ella. Aron hablaba con superioridad, como si fuera el ser más importante sobre la faz de la tierra, la mayoría de sus estudiantes comentaba que era un presumido, egocéntrico y no estaban muy lejos de la realidad.
La mano de Masón se ubicó en la pierna de Lissa, ella sin darse cuenta comenzó a mover su pierna derecha con desesperación, era un gesto que hacía cuando estaba completamente nerviosa.
Aron procuraba no observarla, esa chica tenía algo que a él no le daba buena espina. Es como si ella tuviera una doble vida, Aron pensó en ese chico, el novio de ella. Se puso en su lugar, él había sido engañado de la peor manera, odiaba los engaños, a pesar de ello, su plan seguía en marcha. Le demostraría a Lily su exnovia que él no es ningún perdedor.
Cuando Aron vio como Masón tocaba a Lissa, pidió hacer grupos para realizar una actividad. Él no sabía si hacía eso por ser empático con Masón o simplemente porque no puede imaginar que fue rechazado la noche anterior y ese muchacho ahora tiene toda la atención de la misma mujer.
Lissa se concentró en la actividad, pronto estaría realizando las prácticas en el hospital y aunque veía ya imposible quedarse con el trabajo en ese lugar, quería sacar una nota sobresaliente para poder conseguir un buen trabajo. El teléfono de Lissa no paraba de sonar, ella ya se sentía incómoda porque conocía ese número, se levantó y le pidió a su querido profesor permiso para salir.
Ella respondió el teléfono, sintiendo como su corazón palpitaba a mil por horas.
—¿Bueno? —Escuchó una respiración forzosa al otro lado de la línea.
—Estamos esperando nuestro dinero del mes, creo que no quiere que su papá o su mamá pagué las consecuencias de su atraso —dice aquel sujeto, el solo escuchar su voz, a ella daba náuseas.
—Le aseguro que se lo daré la siguiente semana, tuve un inconveniente. —Ella cruza sus dedos para que le tengan paciencia.
—Ay princesa, lo que sucede es que no tenemos tiempo, pero por ti, lo vamos a hacer. Tienes una semana, ten presente que los intereses suben cada hora.
—No se preocupe, solo manténgase alejado de mis padres. —Lissa colgó la llamada, con sus ojos al borde del llanto.
Volvió a sus actividades, mientras tanto, su mente estaba en otro lado. Parece que el destino se hubiese ensañado en contra de ella y de su familia.
La clase cada vez más se aproximaba a terminar, ella de vez en cuando miraba hacia ese escritorio, él estaba tan concentrado leyendo un libro de anatomía que no se fijaba aparentemente de que era observado, no obstante, él también la observaba. Ella no parecía ser ese tipo de mujer que se vendiera por dinero, claramente era diferente de noche y de día. Aron sacudió su cabeza, estaba observándola de más y no podía permitir que el Aron de antes se hiciera presente, él había decidido cambiar gracias a Lily.
Todos se comenzaron a levantar, Masón abrazó a Lissa, él estaba realmente enamorado, ella es la mujer de su vida. Un tierno beso se dieron, el amor que brotaba por parte de ellos era genuino, él es la razón más importante que tiene Lissa para poder terminar esa deuda lo más pronto posible. Ella acarició su mejilla, él era perfecto, no le conocía un solo defecto, con su cabello rubio y sus ojos verdes, la tenía suspirando cada vez que se acercaba.
Masón tomó la mano de Lissa para salir juntos, como habitualmente lo hacían. No obstante, vio la mirada amenazadora por parte de Aron, ella cada vez más se sentía contra una pared, en un agujero sin salida.
—¿Te gustaría comer algo rico? —Masón besa la punta de su nariz, ella no quiere hacerlo sentir mal. Suficiente con no estar disponible para él, la mayoría de las noches.
—Sí, pero adelántate. Necesito hablar algo con el profesor. —Masón levantó una de sus cejas, por inercia giró su cabeza para ver a Aron.
—¿Sucedió algo con él? —Masón se notaba tan incómodo con el comportamiento de su novia.
—Quiero que me dé unos consejos, quiero saber si afecta algo en que esté becada para poder postularme al hospital de su familia.
—Mi amor, sabes a la perfección que eres una de las mejores estudiantes, eres muy talentosa y no importa si tienes una beca, no veo necesario que hables con ese hombre.
—Me siento mejor haciéndolo, ve adelante y habló con él, prometo no demorarme. —Ella le dio un beso en su mejilla, se sentía incómoda y lo que menos quería era que su novio lo notara. Él sonrió con falsedad, tomó sus cosas y salió del lugar.
Lissa se acercó al escritorio, la sola presencia de él la tenía agobiada. Él le hizo señas con su mano que cerrara la puerta, ella no tuvo más remedio que hacerlo, total como él dijo “la tenía en sus manos”
Ella caminó hasta la puerta y la cerró, esperando que no fuera sospechoso y que eso le trajera problemas futuros. Cuando giró su cuerpo, chocó contra el dorso duro de Aron, subió su mirada y observó su boca.
—Creo que está demasiado cerca —dijo Lissa tartamudeando.
—Eso no fue lo que hizo ver ayer señorita, es más… Buscó la forma de llevarme hasta una habitación, ¿En qué cambia las cosas que sea acá o allá? —Ella sacó fuerzas y lo empujó levemente para escaparse de sus garras.
—Se equivoca, fue un error. Ahora le pido que lo olvide. —Él comienza a reírse y esa sonrisa, indirectamente hace que Lissa se sienta nerviosa e hipnotizada.
—No lo voy a olvidar, ya le di mis motivos. Ahora no entiendo ¿Por qué engaña a su novio de esa forma? él parece que si la quiere. —Lissa rodó los ojos.
—No es asunto suyo, ahora si no tiene nada importante que decirme, saldré de aquí.
—Espere, lo que le quiero proponer le conviene. —Ella cruza sus brazos, se sentía pequeña—. Quiero adquirir sus servicios de… —Lissa no dejó que él terminara la oración, le dio una bofetada se sintió ofendida y ultrajada.
Él pasó la mano por su mejilla, la rabia iba subiendo por su cuerpo. Lamió sus labios y luego se sentó.
—No se equivoqué señorita, no me interesa tener sexo con usted. Quiero que se haga pasar por mi pareja en algunas ocasiones, le pagaré muy bien. Tendrá que estar disponible para mi, en cualquier momento, quiero darle celos a mi ex novia y creo que si me ve con una mujer aparentemente enamorada, lo lograré.
—Me está ofendiendo, tengo novio y no quiero hacer eso.
—Se vende todas las noches para los hombres y en ese momento no le importa su novio, de eso puedo estar seguro. —Lissa pasó saliva, la parte oscura de su vida, la había alcanzado en donde ella menos quería—. Se lo voy a poner de esta forma, es un trabajo para mí, será bien remunerada, si no lo hace… Le contaré a su novio, y haré que la saquen de la universidad, por no ser digna de este lugar —Aron hablaba como un monstruo, en el fondo no le importaba, él necesitaba darle una lección a Lily su ex novia y seguramente Lissa necesitaba el dinero. Él le pasó su tarjeta, ella ni siquiera la miro, solo la arrugó con tantas ganas, sacando su rabia.
Algunas lágrimas bajaron por las mejillas de Lissa. Dio media vuelta para salir de ese lugar. Aron negó con su cabeza, estaba seguro que iba a aceptar, solo tenía que darle un tiempo.
Lissa salió de la universidad, no quería ir al lugar en el que estaba su novio, tan solo quería sentarse en su cama a llorar.
Cuando llegó a su casa, vio a su mamá cosiendo, ella era una mujer ejemplar. Siguió hasta su cuarto y se dio un baño, no podía dejar de pensar en esa propuesta, automáticamente Lissa recordó la deuda con el ruso, la deuda que consiguió al equivocarse de hombre la noche anterior, sin contar con la deuda en la universidad, los medicamentos de su papá y tantas cosas que se cubrían con dinero.
Dinero que ella no tenía y que tardaría en conseguir, no quería aceptar, pero las deudas y las circunstancias la estaban obligando. Salió a comer con sus padres, miro la hora y al ver que su padre no había llegado, se preocupó. Él era un hombre tan puntual.
La puerta se abrió, dejando ver al pobre hombre golpeado, caminando a fuerza. Ella lo ayudó a recostarse, no dudo preguntarle quien le hizo eso, la respuesta le hizo dar escalofríos… El ruso, él era el culpable de toda su desgracia.
Mientras fue por el botiquín, tomó su teléfono y aunque sus manos temblaban y su conciencia le decía que no era lo mejor, no había otra opción. Busco valentía de donde fuera y le marcó.
Aron estaba llegando al hospital hoy tendría turno de noche, no más al ver la entrada se daba cuenta que el turno sería muy largo. Vio entrando una llamada, un número desconocido, respondió sin mayor interés, hasta que escuchó esa voz.
—Señor Bakker, aceptó su propuesta. Lo veré mañana para poder ponernos de acuerdo. —Ella colgó la llamada y él quedó con una sonrisa llena de satisfacción.
Aron la tenía en sus manos y ahora le daría una lección a Lily, nadie jugaba con él nunca.