CAPÍTULO V. Habíamos terminado de cenar, una exquisitez que había traído preparada, pescado con verduras, no sé cómo estaría cocinado, pero a mí me encantó, y mira que no soy amigo de nada que nade, siempre he dicho que el pescado está muy bien en el agua, pero reconozco que nunca había probado nada igual. —¿Te ha gustado? —me preguntó al ver que me había quedado mirándola. —Sí, estaba riquísimo —la respondí—. Seguro que es una receta de tú abuela —Añadí. —Sí, no te has equivocado, es de ella, pero esto es sencillo, en un pis paz se hace. Mientras me lo estaba diciendo, recogió todo y se sentó de nuevo al lado del fuego, a fuera seguía cayendo agua con una gran intensidad, pero nosotros estábamos bien protegidos allí dentro. —Sabes —la dije—. ¡Qué razón tenías!, si hubiéramos estado

