Y sentado en el borde del malecón, mientras evitaba el Sol directo en sus ojos que ya se acercaba al poniente, se puso a revisar las notificaciones en su celular y después de checar y anotar las posibles postulaciones de trabajo, hasta que una llamó su atención porque se ajustaba a su perfil laboral, la compañía Latinoamericana de hidrocarburos, y ahí mismo manipuló su celular para ubicarla con el gps, también anotó el correo electrónico y teléfono en la aplicación de notas y olvidándose del asunto, comenzó a caminar recorriendo aquél lugar hasta que encontró a un par de jóvenes que tirando una tarraya trataban de pescar algo pero sin éxito, porque la red caía enredada en el agua sin poderse abrir hasta que les dijo.
- ¡Te falta el quiebre de cintura paisano!
Y los jóvenes alegremente hablándole con su local acento porteño le pidieron les enseñara a tirarla y él, ya fuera de práctica, les platicó de una etapa de su vida en la que le tocó tirar la red en las presas del norte del país, y después de varios intentos recordó y aplicó la técnica que los jóvenes vieron muy bien, y también practicaron logrando sacar una cantidad regular de pescados que alegremente transportaron en una cajita de plástico, donde traían la tarraya y subiéndose a una motocicleta se despidieron.
Ya la noche había caído y unas lejanas nubes de tormenta eléctrica se acercaban rápidamente, y con lo último que le quedaba de pila a su celular, tomó un video de 30 segundos donde salía su rostro con sus cabellos algo despeinados con la tormenta eléctrica de fondo y la subió a su f*******:.
Una bella mujer se le acercó sonriente y muy familiar, ñsaludándolo como si ya lo conociera de mucho tiempo.
- ¿Porque no me dijiste que estabas aquí? Te he mandado mensajes de w******p y ni siquiera los abriste.
-Será porque en ningún momento me los pudiste haber mandado a mí porque no creo que tengas mi número.
Le contesta dándose el tiempo de admirar a la dama que con un vestido beige de telas suaves y gruesas, con largos revuelos que ondulaban por la fuerza del viento, provocado por la fuerza de la tormenta que se avecinaba, le dejaban admirar la blanca y bien cuidada piel de una mujer ya entrada en los 40, con una bien formada figura forjada en gimnasios, realzada por la altura de sus zapatillas negras de tacón medio.
-A ver… ¿Dame tu número a ver si es cierto que no lo tengo?
Le dice la dama sonriéndole pícaramente mientras el viento le alborotaba el largo cabello oscuro que adornaba su bello y blanco rostro.
Él se lo dio sin problema haciendo como si estuviera cayendo en la trampa urdida, y escuchando la suave tonada de killing me softly with his song de Fugges, rechazó la llamada sabiendo que provenía de su teléfono.
-Ahora no importa a quien le mandé los w******p, porque ya tengo a quien mandárselos, hola mucho gusto, soy Natalia Cantarell.
Le dice la dama extendiendo sus blancas manos y saludándolo con un beso en la mejilla, mientras el viento costero se volvía molesto por la tormenta que se acercaba, que aunque no llovía porque era eléctrica, si levantaba ventiscas de agua salada por la proximidad de las olas del mar, su teléfono dio el ultimo bleep de su batería agotada y lo guardó en el bolsillo de su pantalón, mientras se alejaban del malecón hacia el parque cercano al cual había prometido no volver, hasta que la dama le dijo, tomándolo de la mano para llevarlo en otra dirección.
- ¡Vamos mejor a mi camioneta para salvarnos del agua!
Y en unos cuantos metros miró las luces parpadeantes de una camioneta estacionada que debía ser de ella, y abriéndole la puerta del conductor, primero la ayudó a abordarla, para luego abordarla él por el lado del copiloto, y la dama arrancó para manejar lentamente por las calzadas onduladas de aquel malecón que ya se estaba quedando sin gente.
-Hola mi nombre es Martín. –le dice ya que no había podido decirle su nombre.
-Tenía horas mirándote ahí desde que estabas tirando la red de pescadores.
-Horas que perdiste mandándole w******p a no sé quién.
-A nadie tonto, esos w******p te los quería enviar a ti, pero no sabía tu número, por eso me arme de valor para pedírtelo y caíste en mi trampa.
Al escucharla, le dedicó una indescriptible sonrisa de complicidad que ella no supo interpretar, ya se había estacionado cerca de una tienda de conveniencia con la intención de alejarse de aquel malecón, y a él le había parecido bueno porque también se alejaban del aquel parque, al cual tenía prohibido ir de noche, y en medio de la tormenta decidió pausar la plática para comprar un par de cafés con el dinero de la parte de la cartera donde guardaba el suyo, porque le pareció desleal pagarlos con el dinero que le había dejado la chica de rojo.
- ¿Cómo supiste que me gustaba con canela?
-Porque cuando me saludaste de beso percibí olor a canela y aquí en tu portavaso traes un vaso usado que huele a café con canela, y; ¿Que hace una bella y sensual dama como tú en medio de una tormenta eléctrica?
-No lo sé, no tenía nada que hacer y decidí venir a ver el Sol del atardecer y cuando estaba a punto de tirarme al mar para perderme en sus olas para siempre, vi a un guapo pescador tirando una red al mar y vine aquí mismo 3 veces por café esperando llamar tu atención con mi camioneta, antes de decidirme a hablarte, y te aseguro que si doy una cuarta vuelta te atropello para ver si me hacías caso o me volteabas a ver tan siquiera.
Estaba yo sentada en la arena de una playa viendo el mar,
Y un hombre guapooo,
Venia remando en una barca
Que venía aproximándose hacia míiii.
Se escuchaba en el sonido del vehículo aquella clásica canción de Rocío Dúrcal, la guirnalda, que por unos momentos distrajo la atención de Martín, y ella al darse cuenta presionó un botón desde el volante, para aumentar un poco el volumen y le cantó acercándosele un poco a los oídos.
El me miró ooo
Y me sonrió ooo
Y yo coquetamente viendo hice como que no vi.
https://youtu.be/cysEUdRV_2k
Y terminaron riéndose mientras afuera, el fuerte viento aceleraba.
-Y precisamente escuchando a Rocío Dúrcal, apenitas nos quedó esa canción en la ocasión y que ni mandada a hacer. –dice Natalia. –¿Y qué me puedes decir de ti? Mi querido Martín.
- ¿Dices que pasaste 3 veces delante de mí con tu camioneta y no te volteaba a ver? Tal vez fue porque a mí no me gustan las camionetas, me gustan las mujeres y si hubieras pasado tan solo una vez enfrente de mí sin camioneta, con ese cuerpazo que tienes te aseguro que no solo te volteo a ver, te tiro la red de pescadores a ti.
-Ja, ja, ja. –ríe divertida la dama y le dice. - ¡Ayyy! Estas viendo que no sabía cómo acercarme a ti, además que bueno que no pase frente a ti sin mi camioneta porque me hubieras echado la red encima, anda, ahora dime que hace un hombre tan guapo como tú en la Isla del Carmen.
-Lo que se puede pensar de un hombre como yo en un malecón como éste, en una ciudad como ésta, en medio de una tormenta eléctrica.
-A ver déjame adivinar, no eres de aquí, tienes problemas económicos y por eso vienes a buscar empleo a la isla, además eres casado con muchos hijos y muchas novias.
-Pues estas reprobada en artes adivinatorias, porque es cierto que no soy de aquí, aunque eso es muy obvio, también le atinaste a que vengo a buscar empleo a la isla, que tambien es algo obvio, pero tan solo tengo 2 hijas que ya comenzaron a hacer sus vidas, soy viudo y aunque no tengo una novia formal o prometida, si tengo una relación o algo así, que ni sé que es.
-Está bien, entonces saque un 5 y ahora te toca a ti.
Le dice la dama bajándole un poco al volumen del sonido, mientras se seguía escuchando la guirnalda, dándole un toque especial a aquella charla entre desconocidos en medio de una tormenta eléctrica que ya traía lluvia consigo.
-Déjame ver, no pasas de los 40, tu si eres de Ciudad del Carmen, eres casada con alguien mucho mayor que tú, eres doctora o enfermera y por lo menos tienes dos niños que van a la primaria o secundaria, no tienes problemas económicos y buscas escapar, aunque sea por unos momentos de algunas cosas que te tienen harta y no puedes solucionar, pero si esperar a que sucedan en su totalidad.
La dama trató de reírse del asombro, pero acabo por cubrirse el rostro con las manos para soltar un llanto tan lastimero, que no pudo controlar ni mucho menos contener, ya que se desbordó y más cuando sintió los fuertes brazos de aquel desconocido que le ofrecía su hombro para llorar, y lloró aferrándose a ese abrazo, no para apropiárselo ni para entregársele, tan solo lo abrazaba como aquél náufrago que algún día abrazó a su tabla de salvación.
- ¿Ya pasó verdad? Te hacía mucha falta desahogarte.
Le dice limpiándole él mismo las mejillas con un pañuelo desechable que tomó del techo de la camioneta.
- ¿O eres brujo o soy un libro abierto para ti o para todos, o ya de plano se me ve lo jodida que estoy?
-Para nada mujer, si supuse que eres "Carmelita" fue por tu acento y por tu apellido, si supuse que eres casada fue por tu anillo de bodas, si supuse que eres enfermera o doctora, fue porque no tienes las uñas largas ni te las pintas, si supuse lo de los niños es porque entre los asientos hay juguetes, lo de que no tienes problemas económicos es obvio y si supuse lo de que tu marido es mucho mayor que tú, es porque aquí traes unos lentes masculinos con mucho aumento que obviamente no son tuyos.
-Pero podrían ser de mi padre o de mi abuelo. -le replica Natalia.
-Podrían, pero de tu abuelo no lo creo por tu edad y por tu forma de vestir y de arreglarte.
-Me pareces una mujer tan dedicada que si fueran de tu padre no estarían aquí, porque tú misma se los hubieras llevado, pero a tu marido no lo creo porque esa es una de las cosas que te hacen querer nadar en el malecón durante una tormenta eléctrica.
Natalia tan solo se le quedó mirando tiernamente y ya no sonrió, le dio un sorbo a su café y le iba a decir algo, pero la alarma de su celular le recordó un plazo cumplido.
-Por ahora me tengo que ir porque tengo que atender algo, y también tengo que ir por esos niños que mencionaste que por cierto son 3, ¿A dónde te quedas?
-Aquí mismo, no te preocupes que mi hotel está cerca.
Le dice con la intención de que ella no pretendiera llevarlo, por temor a que Lolis lo estuviera esperando o que ella o alguna de sus extrañas amigas lo vieran, porque tenían que pasar por un costado de aquel parque que tenía prohibido visitar de noche.
-Momento Martín. –le dice la dama muy seriamente. –Aquí la única casada soy yo y esa novia formal o prometida o algo así que ni siquiera sabes si tienes, no tiene por qué enojarse si una amiga te da un aventón a las puertas de tu hotel; ¿No lo crees así?
-Pues sí y tienes toda la razón. –le dice ya apenado por sentirse descubierto. -Estoy en el hotel Internacional y me tendrás que dejar mero enfrente porque sigue lloviendo fuerte.
- ¡Esa es la actitud!
Le dice la bella dama del malecón que arrancó sonriente y ya tranquila, sintiéndose en el ambiente que se había quitado un gran peso de encima.
-Tengo tu número y tienes el mío, cualquier cosa que necesites me llamas por favor, porque ahora te considero mi gran amigo y al igual quiero que tú me consideres tu amiga, tenía muchos años que no lloraba y créeme que ya me hacía falta porque sí, he estado a punto de tirarme al mar y si no lo hice fue por mis 3 bebes, pero ahora ya me siento mucho mejor.
Le dice la dama ya en la puerta del hotel y se le acercó para despedirse, dándole un natural beso de amistad en la mejilla, bajándose él rápidamente del vehículo, ya pasaban de las 10 de la noche y al ver un puesto de hot dogs y hamburguesas en la esquina, se olvidó por completo del fuerte viento, de la tormenta eléctrica, de la chica del parque y de la dama del malecón.