Suerte para mí que en aquel barrio judío que estaba dejando atrás había podido hablar sin dificultad y es a través de ellos como había conocido un poco más de aquel hombre, del cual me habían afirmado antes de entrar a su casa, que se trataba de uno de los muchos inmigrantes que habían venido de la antigua colonia de Etiopía. Al principio aquello me había extrañado, pues desconocía que Italia tuviese colonias y menos tan alejadas de su territorio. Conocía que en tiempo de los emperadores su territorio se había extendido por buena parte del continente europeo y africano, sobre todo en las tierras bañadas por el “Mare Nostrum”, el mediterráneo, pero nunca había pensado que hubiesen llegado tan lejos como Etiopía, y menos que hubiesen hecho allí colonia. Intrigado por aquello había seguido

