VEINTICINCO Kyle caminaba como un león enjaulado sobre la cubierta del pequeño yate. Aunque era muy temprano, la embarcación se dirigía a toda velocidad a Martha’s Vineyard y el vampiro se mostraba muy ansioso. No podía quedarse quieto. Odiaba los barcos, también el agua. Lo peor de todo, como casi todos los de su r**a, odiaba viajar por agua. Lo odiaba más que ningún otro vampiro tal vez. El chico ruso insistió en que encontrarían a Caitlin si se dirigían al mar, así que lo siguió. Subieron por la costa, a lo largo de toda la carretera, pero la búsqueda terminó cuando llegaron a la bahía. El muchacho señaló el océano. Dijo que aquella estúpida mujer, la culpable de todos sus problemas, se encontraba en la isla. Kyle estaba tan furioso que no podía controlarse. Esa muchachita no sólo lo

